Juan Carlos Malavé Rexach

Punto de vista

Por Juan Carlos Malavé Rexach
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Todos a bordo: educación postmodernista del COVID-19

El fenómeno postmodernista nos alerta sobre un mundo de paradojas, fragmentado, desintegrado, totalitario, de caos e incertidumbre. Las personas parecen estar divididas y enfrentadas a guerras de diversidad cultural, orquestadas por disputas entre facciones conservadoras y progresistas. Ante la crisis epidémica del COVID-19, las personas se han vuelto escépticas con los ideales de la era moderna. 

Está desencantada con los enfoques educativos que intentan explicar la naturaleza humana, la sociedad o los fundamentos del conocimiento (racionalidad) y su relación con el COVID-19.  La educación postmodernista se anima por la diferencia y la marginalidad. Argumenta que cualquier visión de la realidad como dada directamente, sin mediación de la gente, es motivo de preocupación. 

La educación sobre el COVID-19 ha sido un escenario de este uso desviado de la racionalidad. Sigue basándose en el modelo educativo de la razón de la modernidad. Las personas asimilan las verdades y contenidos que les son transmitidos. Pero estos métodos sesgados no sirven para interpretar racional y críticamente sus experiencias y realidades cotidianas. Y es que los procesos de transmisión de información por sí mismos no se caracterizan por su componente crítico. La esencia del proceso de aprendizaje no radica en la mera transmisión y reproducción de conocimientos estáticos e irrefutables, sino más bien, la capacidad traspasar dichos contenidos.

La educación postmodernista del COVID-19 debe de estar basada en: 1. una construcción conceptual de lo que es el virus y no un realismo ingenuo; 2. en la aceptación de que no existe una verdad absoluta versus la aparente objetividad sociohistórica; 3. la razón y la lógica son solo conceptos para utilizarse en procesos intelectuales para la toma de decisiones en relación al virus y no son principios universales; 4. los discursos están integrados en las prácticas sociales y reflejan los esquemas conceptuales y los valores morales e intelectuales de la sociedad y su tradición, no son discursos universales ni aplicables para todas las sociedades; 5. y los aspectos del mundo natural se viven y no todo debe de ser estudiado, porque el estudio solo refleja una pequeña realidad de lo que es todo el mundo.

Si queremos respuestas, proactividad y empoderamiento de nuestra sociedad puertorriqueña ante el COVID-19 debemos de llevar una educación que invite a: 1. contextualizar, interpretar, criticar y buscar el sentido humanista, más que ser primordialmente transmisores de información; 2. generar espacios para la comparación y el careo respetuoso que enriquece los diferentes significados de las verdades, porque no hay verdades absolutas; 3. fomentar la diversidad, porque la objetividad científica solo muestra una pequeña parte del universo humano; 4. reflexionar y problematizar los significados culturales,incluyendo otras culturas; 5. reconstruir, reorganizar y reinterpretar los conocimientos aparentemente objetivos, estáticos e irrefutables; 6. autoexplorar la realidad natural en vez de investigar; la experiencia individual es más importante que metodológicamente controlada.

La postmodernidad evoca imágenes de diversidad, equidad e igualdad, lo que sugiere que los prejuicios y creencias solo representan una perspectiva del mundo.  Como dice el prestigioso educador Dr. Ángel Canales Encarnación: “todos a bordo”.


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