Aníbal Muñoz Claudio

Tribuna Invitada

Por Aníbal Muñoz Claudio
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To Link or Not to Link: dilema del aprendizaje milenario

Ante el engreimiento de que nuestros jóvenes hoy día son unos aprendices milenarios (millennials) y que pueden aprender mejor con su mundo hipertextual que con los maestros en el salón tradicional, les tengo noticias.

¡Eso está por verse todavía!

Y es que la sociedad moderna (y la puertorriqueña no es excepción) siente una gran tentación por menospreciar la imagen del maestro y de la escuela tradicional al pretender establecer que los estudiantes del nuevo milenio aprenden más y mejor que sus antecesores por el solo hecho de que tienen a su alcance el mundo tecnológico. Uno de estos adelantos milenarios es la facilidad para acceder a mucha más información y mucho más rápido a través de enlaces hipertextuales en el internet. Así, se podría inferir que estos milenarios “pokemon-go” serían los mejores lectores y escritores en la historia de la humanidad si tomamos en cuenta dos datos irrefutables: ellos han tenido disponibles los mejores recursos y más rápidos para acceder a la información en la historia y el hecho de que siempre tienen la disposición de mantenerse conectados a alguna forma de lectura y escritura.

El ejercicio para comprobar esta aseveración resulta muy sencillo. Basta con mirar en cualquier esquina en cualquier momento para ver como los milenarios están leyendo o escribiendo algo o interactuando con algún texto  24/7. Y los vemos en sus teléfonos móviles o tabletas  “twiteando”, “whatsapeando”, “facebukeando”, “instagrameando”, “snap-chateando”, “texteando”  o “guguleando” cualquier tema viral de actualidad aunque sea por unos fugaces minutos.

El verdadero dilema es cuando reflexionamos sobre la calidad o utilidad de estas supuestas interacciones textuales de los milenarios. Hay muchas preguntas por contestar que son debatidas en foros educativos a nivel mundial. En este debate resaltan los conceptos de cantidad, calidad, utilidad y relevancia. ¿Están los milenarios leyendo más y mejor que sus antecesores? ¿Están escribiendo más y mejor? ¿Están aprendiendo más y mejor que sus antecesores? ¿Están adquiriendo, internalizando o reteniendo esta información que hipertextean a cada segundo? ¿Aplican y practican en su vida diaria lo aprendido en su mundo virtual-hipertextual?

Una comparación justa entre ambos bandos debería considerar que los aprendices del siglo 20 podían escribir un poema o un ensayo o leer una novela en una semana mientras que los milenarios pueden escribir o leer miles de mensajes cortos concertados con imágenes en las redes en cuestión de minutos y horas.

Pero, para reflexionar sobre este debate en perspectiva, debemos analizar su elemento fundamental. Me refiero al hipertexto (o híper enlace) que recurren los milenarios en cualquier instancia de aprendizaje. El hipertexto se refiere  a cualquier texto disponible en el internet que contiene enlaces a otros documentos de información relacionada. Así, se define como la forma de presentar información en la que textos, imágenes, sonidos y acciones están conectados de forma que permiten a sus lectores interactuar (navegar de un lado a otro) en el orden y la forma que deseen.

En un artículo que escribí para la revista del Centro de Investigaciones Educativas de la Facultad de Educación de la UPRRP, describo como los autores Miall y Teresa Dobson plantean que el fenómeno del hipertexto ha llegado para polarizar las diferencias de dos clases de lectura: por un lado, la lectura restringida y lineal determinada por la naturaleza del texto impreso y por otro lado, la lectura participativa y supuestamente liberadora por el uso de hipertexto.

Según los autores, el hipertexto ha sido promovido como un vehículo que cambiara la forma en que leemos especialmente por la recuperación de imágenes y otros enlaces que supuestamente están suprimidos en la lectura regular de un texto. Pero sobre todo, por la oportunidad que le brinda al lector de escoger qué y cómo leer lo que desee leer. En mi artículo puntualizo como otros autores como Landow establecen que el hipertexto aumenta la libertad individual porque el lector puede moverse con toda libertad de enlace a enlace sin necesidad de aprisionarse en la lectura lineal impuesta  por un autor. Landow argumenta que los libros son máquinas que transmiten autoridad y diseminación de capital cultural, por otro lado, la visión del hipertexto empodera a los lectores quienes adquieren el poder de decidir cuánto y cómo leen con sus enlaces hipertextuales. Sin embargo, los autores Mialls y Dobson plantean que este poder de selección del lector puede interferir con su aprendizaje a diferencia de la lectura de un texto lineal. Ellos sugieren que la brevedad del hipertexto desalienta la adquisición de conocimiento y el modo reflexivo y analítico que caracteriza la lectura lineal tradicional.

Este, precisamente, es el dilema de los milenarios a la hora de interactuar con los cientos de enlaces hipertextuales que realizan a cada minuto. Ellos no parecen adquirir, aprender o internalizar nada. Por el contrario, pretenden decir que aprenden o conocen de la información solo porque saben que está almacenada en algún portal cibernético al alcance de un mágico “click” de sus dedos.

Luego de ser testigo de 17 años de este milenio, no necesito más teoría crítica para entender este fenómeno del hipertexto. Puedo hablar con toda convicción ya que lo he aprendido con los dos milenarios (mis hijos) que viven conmigo. Recuerdo todavía cuando mi hijo me dijo un día que no necesitaba aprenderse nada sobre la Odisea de Homero (asignación de su curso de humanidades) ya que fácilmente él podía “gugulear” su contendido y sus críticas en miles de enlaces digitales disponibles. Con una pícara sonrisa me dijo que todo eso estaba al alcance de sus dedos. Así, le sermoneé que en el pasado habíamos leído y aprendido la Odisea, La Iliada y tantas otras lecturas sin ninguna necesidad de hipertextos y enlaces. Todas esas lecturas fueron discutidas y analizadas en el salón de clases tradicional. Por eso ahora podía contárselas, resumirlas y explicárselas a cualquiera. Las había internalizado en mí. Me las aprendí y punto. Centenariamente.

El debate de si los milenarios aprenden más o aprenden menos con sus recursos tecnológicos y enlaces hipertextuales seguirá pendiente por el momento. Por una parte, los milenarios hipertextualizados pueden reclamar que han aventajado a los aprendices del siglo 20 porque leen mucho más y más rápido con su habilidad de conectar textos e imágenes a velocidades inimaginables. Pero, según lo expone Mialls, qué información de esos enlaces hipertextuales los milenarios están adquiriendo, reteniendo, aprendiendo o internalizando realmente está por verse. 

Es impredecible determinar cuánta de esta información hipertextual precipitada será relevante, significativa o útil para ellos en un futuro. Mientras los milenarios continúan arreglándoselas con su dilema de “To link or not to link” algo si queda muy claro para aquellos que fuimos educados por buenos maestros de la forma tradicional y sin hipertextos. Lo que los “centenarios” del siglo pasado aprendimos sí fue muy significativo para nosotros. Por eso sobrevivimos. Ahora les toca a ellos.

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To Link or Not to Link: dilema del aprendizaje milenario

El profesor Aníbal Muñoz Claudio señala que los millenials pretenden decir que conocen la información solo porque saben que está almacenada en algún portal cibernético al alcance de un mágico “click”

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