Eduardo Lalo

Isla en su tinta

Por Eduardo Lalo
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Tortuquitos

Desde que escribo con regularidad en la prensa no había sentido un periodo tan sosegado. Habitualmente, Puerto Rico se gobierna de dos formas. La primera es el efecto bola de nieve o avalancha. Las administraciones populares tienden a seguir esta pauta, en la que una serie de tímidos, parciales, inconsecuentes y camuflados actos adquieren sorpresivamente, mediado el cuatrienio, vida propia y se vuelven incontrolables en un descenso irremediable a la obsolescencia y el desastre electoral. El segundo método, en cambio, ha sido favorecido por las nomenclaturas del PNP y consiste en gobernar por tumulto.

A los primeros no les es fácil tomar decisiones y los segundos viven para atropellar. Los populares son tortugas recalcitrantes, inclinadas a ocultar sus insuficiencias dentro del carapacho, mientras que los penepés son insectos voladores insolentes y maniáticos que en el mejor de los casos dedican sus vidas a rodear una bombilla y, en el peor, acaban electrocutados en una trampa. El bipartidismo totalitario puertorriqueño ha tenido populares que son como tortugas y penepés que se parecen a mosquitos. Este es nuestro bestiario: nos han gobernado tortugas e insectos voladores.

Desde hace varios cuatrienios nuestros gobernadores han sido incapaces de tirar un juego completo. Sila Calderón entregó la bola, a Aníbal Acevedo Vilá le dieron un pelotazo en la cuarta entrada, Fortuño y García Padilla no tiraron una bola dentro de la zona del strike y a Rosselló Junior se la sacaron del parque tantas veces que acabó buscando un contrato en las Menores. En dos décadas no se habrá visto un cuatrienio de 9 innings y después del verano de 2019, que fue algo así como la rebelión de la fanaticada, y de que Pierluisi ni siquiera pudiera cerrar la entrada con el último out, nos han traído de lo más profundo del bullpen una relevista que no hace tanto no estaba ni en el roster de jugadores.

El pasado 2 de septiembre se cumplió tan solo un mes desde que la fanaticada enviara a Rosselló a las duchas. Entretanto, la serpentinera Wanda Vázquez cerró la entrada que Pierluisi no pudo y espera ahora en el dugout su vuelta a la lomita con el brazo enfundado en una sudadera. La alineación del cuestionado equipo permanece idéntica, es decir, repleta de insectos voladores. Sin embargo, Vázquez ha pedido un cambio en la receptoría y el domingo pasado Zoé Laboy tuvo su primer turno en el plato al contestar las preguntas de este diario estrenándose como secretaria de la gobernación.

En este punto es que los estilos se confunden, las escuelas de pensamiento se entrecruzan y el origen de las especies sufre un cataclismo. La entrevista a Zoé Laboy quizá sea una rareza, porque en ella las preguntas eran más largas que las respuestas. Según la leía me iba dando cuenta de la realización del prodigio: de un huevo de tortuga nacía en el agua estancada en una goma de camión el tortuquito, ese cruce de tortuga con mosquito, de la lentitud con el frenesí del viaje circular.

La relación entre pitcher y cátcher de Wanda Vázquez y Zoé Laboy se manifiesta ahora en el vuelo circular de una tortuga alrededor de un foco de la AEE. Las vueltas que da Laboy en sus respuestas de tortuga voladora marean y no dicen nada, son bolas y strikes simultáneamente y no se sabe si encaminan al ponche o a la base por bolas. He aquí el desempeño de Laboy en su primer turno al bate: “Los que hemos tenido la oportunidad de ser líderes sabemos que el fracaso o el triunfo de un líder depende del equipo que tiene, pero también el equipo tiene que tener un buen o buena líder…” Laboy porta el estandarte y ejerce el liderato de la antiprofundidad y nos regala un lugar común que de tan bestialmente común hace sospechar a las autoridades de la liga el uso de anabólicos. Hacer un swing tan descomunal a un wild pitch no es cosa de gente seria.

Cuestionada la novel receptora sobre la permanencia de ciertos muertos con uniforme en la alineación de su equipo, Laboy dejó claro que no está claro si alguno se queda o se va, pero claramente se consideran todas las posibilidades. Quizá este sea el sueño de la lanzadora Vázquez: una bola de humo a cámara lenta, una recta cuyo desplazamiento es tan pausado que el bateador se duerme con el madero al hombro.

Cuando se le cuestiona a Laboy por la posición del equipo en el standing y los riesgos de no llegar a la postemporada, este inusual cruce de tortuga con insecto volador explica: “…que no me gusta echar culpas porque Puerto Rico lo que necesita ahora que somos una nueva administración es que nos movamos y hagamos esto bien”. Queda clarísimo: la ofensiva del equipo recurrirá al robo de bases y la bola ensalivada. La estrategia está en las palabras vacías: “líder”, “nueva administración”, “moverse” y el objetivo es la impunidad para la novena entera porque “no me gusta echar culpas”.

Finalmente, Zoé Laboy habla de sí misma en tercera persona como los cracks del fútbol europeo o sudamericano: “Puerto Rico se merece que Zoé…”, “Zoé está haciendo lo que hay que hacer…” Es como si Cristiano Ronaldo jugara segunda base o se encaminara a ser candidato en las primarias del PNP.

La gestión de la “nueva” administración permanece en la infrapolítica. Se nos ofrece más de lo mismo, un sirop de nada, luego de que a los dinosaurios machos del PNP les cayera el meteorito del chat y se extinguieran (temporalmente).

Wanda Vázquez lleva semanas sobre la lomita de los suspiros sin levantar la rodilla y tirar hacia la goma. Luego de tener durante dos años y pico a Rosselló y una nube de mosquitos revoloteando alrededor de una bombilla, la inmovilidad de una tortuga con la cabeza escondida en el carapacho le sabe a gloria a algunos.

Zoé Laboy concluyó la entrevista diciendo: “El tiempo va a ser mi mejor aliado”. Este cuatrienio acaba prematuramente por segunda vez. Laboy tiene razón, están en La Fortaleza porque los juegos son de nueve entradas, porque existe el tiempo, porque nació un gobierno de tortuquitos: un gobierno del PNP que pretende convencer a la fanaticada que no lo es.

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