Vivian Rodríguez del Toro

Punto de vista

Por Vivian Rodríguez del Toro
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Tragedia en Texas: el reto de la inseguridad social

La inseguridad social y sus efectos en la psiquis individual y colectiva debe ser tema prioritario de todos, especialmente de salubristas, gobiernos y los que formulan política pública.  Se trata de las creencias, conducta y emociones que tiene la gente sobre su entorno y los peligros a su vida, propiedad y calidad de vida. 

Son muchos los factores que pueden afectar nuestro sentido de seguridad, desde desastres naturales, accidentes, crisis económica/política, terrorismo, hasta la violencia y criminalidad individual. 

En estas líneas reflexiono sobre la violencia, producto de actos individuales humanos (asesinatos masivos, ataques armados indiscriminados y dirigidos a grupos particulares). Se trata de manifestaciones de violencia que con mayor frecuencia ocupan espacios de noticias, como los tiroteos indiscriminados a personas y grupos de residentes en cualquier espacio público o privado, ya sean parques, escuelas, iglesias, cines, bares o centros comerciales en Estados Unidos.

Lamentablemente, ante esta continua exposición a la violencia, algunas personas responden con apatía e indiferencia, como si también se tratara de desastres inevitables. Es una forma de insensibilidad o adormecimiento que sirve como protector emocional ante eventos que pueden ser traumáticos. No obstante, la mayoría responde con angustia, preocupación y un sentido generalizado de inseguridad, resultado de ser víctimas vicarias.  Esto implica que sin ser víctimas directas, dada la frecuente exposición a narrativas e imágenes desgarradoras de los eventos, los espectadores/as viven emocionalmente las experiencias como si fueran propias.

En la medida que aumentan y se generalizan estos actos violentos, especialmente mortales, que ocurren inesperada, cruel e impredeciblemente, contra ciertos grupos minoritarios, étnicos o raciales, es inevitable que aumente la inseguridad y ansiedad entre personas y comunidades relacionadas. Este es el caso de los puertorriqueños/as de la diáspora y otros hispanos en los Estados Unidos, como resultado de los últimos tiroteos, como el reportado este fin de semana en Odessa, Texas, con un saldo de siete muertos y decenas de heridos.  Estos ataques de parte de supremacistas blancos o personas llenas de odio y racismo, son cada día más cercanos y reales. En la psiquis de nuestros hermanos/as está insertado el temor cada vez más real a ser víctima de un ataque, solo por “ser quien eres, verte diferente y hablar diferente”. 

La inseguridad que genera no poder anticipar, prevenir o evitar este tipo de ataque contra uno, familiar o persona cercana, es la raíz de reacciones de ansiedad, ataques de pánico y depresión. Como resultado, muchas personas se aíslan y reducen su actividad social y al aire libre. Aunque estas son respuestas inherentemente protectoras, tienen efectos perjudiciales para la salud física y mental. Además, estos eventos tienen un gran impacto social que abarca también a los que vivimos en Puerto Rico, al tratarse de ataques contra hermanos/as hispanos y potencialmente a nuestra familia en la diáspora

Se trata de una crisis de seguridad social y de salud pública que requiere acciones firmes y comprensivas del gobierno estadounidense.  Ante esta situación, hay tres grandes esfuerzos que deben realizarse simultáneamente (1) legislación para controlar compra-venta de armas de asalto capaces de matar decenas en minutos; leyes más estrictas para evaluar solicitantes de licencias de armas y compradores potenciales; aumentar a 25 años la edad para adquirir armas (2) educación comprensiva y sistemática, en todos los niveles, sobre diversidad humana y derechos humanos, que promueva aceptación y respeto de las diferencias y reconozca la aportación y beneficio que la diversidad humana representa para las sociedades.

La nación norteamericana es producto de una amplia mezcla racial, étnica y cultural.  Es imprescindible que los discursos y modelaje social de líderes (políticos, religiosos, etc.) sean verdaderos ejemplos de respeto y aceptación de la diversidad y no instigadores de odio y racismo. A nivel individual, la inseguridad social se reduce creando un sentido de pertenencia y unión familiar, comunitaria y social que sirva de apoyo y convoque unión de voluntades y acciones dirigidas a exigir los cambios necesarios. En la isla podemos ser modelo para otros pueblos y así lo demostramos recientemente, cuando evidenciamos el poder del pueblo unido.

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domingo, 25 de agosto de 2019

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