Luis Rafael Sánchez

Desnudo Frontal

Por Luis Rafael Sánchez
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Tramparencia

UNO

¡Transparencia, cuántas trampas se cometen en tu nombre! ¡Y cuánto contrato arbitrario se otorga para diligenciar la publicidad que invita a tu falso cultivo! ¡Y cuánto respeto se te finge mientras se traquetea con tu significación verdadera! No pasa hora sin que un cocoroco olvide papagayear sobre la utilidad de la transparencia en el servicio público. Un deber que él califica de “sagrado”.

Aún así, no obstante la cantaleta risible y la perorata ídem en que incurre la honorable ave trepadora, un número llamativo de ellas ofende la ética de la transparencia, puntualmente. Mientras se proclaman incapaces de apropiarse de medio centavo ajeno, puesto que son “servidores transparentes”, los muy ladinos papagayos se comportan de manera tramparente. ¡La tramparencia anida, a lo largo y ancho de nuestro aparato gubermental! ¡La tramparencia llegó para quedarse! Subastas amañadas. Empleados fantasmas. Funcionarios oficiales que nunca liquidan sus préstamos personales.


DOS

Una pregunta urge contestación inmediata: ¿Existe la palabra tramparente? Contesto que si no existía hasta hace un minuto sí existe a partir del minuto actual. El habla, como se llama el uso individual de la lengua, asombra por su riesgo creador vertiginoso.

Otra pregunta debe contestarse: ¿Qué significa tramparente? Significa ser pariente de la trampa. O lo que viene a ser lo mismo: dispuesto a emparentar con ella a como dé lugar. También significa dejarse seducir por las trampas que redundan en el beneficio suyo y de los suyos. Y también significa proclive a indecentarse mediante el robo y el saqueo y la incorporación deshonrada de corporaciones “sin fines de lucro”. Unas compañías que solventa el presupuesto general del propio país…of course.


TRES

Salta a la oreja que lo tramparente se opone a lo transparente o lo diáfano, a lo honrado de palabra y obra, a cuanto se efectúa dentro de los márgenes de la ley y el decoro personal. En fin, a cuanto se distancia de la “ética social”, como se describe el conjunto de principios que han de regir la conducta colectiva. Pacto social se bautiza el acuerdo implícito que logran los gobernados y los gobernantes. Lo aprendí durante mi lejano primer año universitario, por boca de un maestro a quien daba gusto escuchar, un tal Samuel Silva Gotay.

Resumamos: por su esencia turbia lo tramparente se opone a lo cristalino. Lástima que robar los dineros públicos empiece a sobrellevarse como mal menor o como pecado venial, como pajita que le cae a la leche.

Otra pregunta merece responderse antes de proseguir: ¿recoge el diccionario la palabra tramparente? Ni recoge el adjetivo tramparente ni recoge el sustantivo tramparencia. Pero, recogerá ambos términos cuando su circulación se generalice, hasta volverse recursos indispensables de las conversaciones comunes y corrientes. Y es que asombra con cuánta voracidad acceden a lamesa del banquete total las camadas de tiísimos y hermanísimos, de compadrísimos y de amicísimos del alma de los ganadores de cada elección política. Y es que asombra la configuración de unas nuevas élites cuyo encumbramiento no proviene del trabajo sudoroso ni de la herencia digna. Proviene del robo desvergonzado de los bienes comunales.

CUATRO

La pregunta “¿Recoge el diccionario la palabra tramparente?” propicia recalcar que lengua y diccionario no son voces sinónimas ni cosa que se le parezca. La lengua y el diccionario cumplen funciones distintas. En tanto que en la lengua encarna un instrumento básico de comunicación, el diccionario intenta archivar el vocabulario general de un idioma en particular. “Está cabrón”, “Mándalo a las pailas del carajo”, “Si te apendejas te jodes por partida doble”, “Pelar pa abajo”, repetimos los puertorriqueños a todas horas, pero el diccionario del idioma español no llega a enterarse. Mejor dicho el diccionario del idioma español no tiene por qué enterarse de la vida breve de los giros regionales, pronto a reemplazarse por otros de fugacidad semejante. Si “chévere” reemplazó a “chuchin”, brutal reemplazó a “chévere”. Si por la maceta reemplazó a “brutal”, “cool” reemplazó a por la maceta.

¡Hay creatividades idiomáticas que fueron, son y serán por siempre pasajeras! Anotándolas en sus páginas el diccionario malgasta el tiempo y falta a su compromiso de archivar las voces de saber imprescindible en determinado idioma.


CINCO

“La transparencia no se simula” advierte Luis Junior Pérez, presidente de la Comisión de Asuntos de la Vivienda de la Cámara de Representantes de Puerto Rico. Dichas palabras ameritan el endoso unánime de los ciudadanos del país pobre, dependiente y endeudado que somos. Pobre, dependiente y endeudado, aunque cegado por las ínfulas de país boyante que ni fuimos, ni somos ni seremos. De ahí que resulte higiénico, al espíritu y al intelecto, recordar que las palabras transparente y tramparente son amigas íntimas en el sonido, mas enemigas acérrimas en el contenido.

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