Emilio Colón Zavala

Punto de Vista

Por Emilio Colón Zavala
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Transformemos la infraestructura puertorriqueña

Un estudio publicado por la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles (ASCE, por sus siglas en inglés) otorgó una calificación de D- al estado de la infraestructura en Puerto Rico.  A pesar de ser la primera vez que se lleva a cabo un estudio de este tipo, los resultados no fueron sorpresa para nadie. El estudio analiza y califica el estado de los puentes (D+), represas (D+), agua potable (D), energía (F), puertos (D), carreteras (D-), desperdicios sólidos (D-), tratamiento de aguas usadas (D+).  

Es importante resaltar que la situación en Puerto Rico es un microcosmo de la existente en los Estados Unidos.  En el informe más reciente publicado para los estados (2017), la ASCE calificó la infraestructura con D+.

Muchas razones pueden explicar el estado de nuestra infraestructura, siendo las más importantes la crisis económica prolongada y la falta de mantenimiento. Para manejar la crisis en las agencias de infraestructura, tomamos la ruta equivocada, eliminando hace ya algunos años los gastos dirigidos al mantenimiento. Esto, como era predecible, nos colocó en un estado de vulnerabilidad ante el riesgo de una catástrofe mayor como la sufrida en 2017.  Es imperativo establecer un programa de mantenimiento preventivo como se sugiere en el informe publicado.  También, se debe abordar adecuadamente la obsolescencia de la infraestructura.

La calificación de F al sistema energético confirma la necesidad de implantar una política pública basada en soluciones de mercado.  Atrás debe quedar el monopolio público ineficiente para dar paso a un sistema basado en un mercado en el cual los consumidores puedan ser productores y escoger a quién le compran su energía.

Por otro lado, se debe aumentar la capacidad de las agencias y los trabajadores de modo que podamos implantar un programa agresivo de mantenimiento.  Para esto, además de programas de capacitación y certificación, se deben incluir tecnologías que ayuden en la detección de problemas, así como en implantar soluciones.  Hay que poder medir resultados comparables con estándares aceptados.

Como resultado de los desastres naturales de gran magnitud que hemos sufrido en los últimos 30 años, consistentemente se nos ha recomendado procurar una infraestructura que pueda recuperarse rápidamente y que los servicios esenciales tengan continuidad.  El informe publicado se une a este reclamo.  Lo que es sí es importante, es tener la voluntad para que esto ocurra teniendo en mente la necesidad de lograr una infraestructura resiliente.  Esta vez, contrario a 1989 o 1998, se han asignado recursos suficientes como para poder hacer una diferencia significativa en esa dirección.

Junto a todo lo demás, se deben considerar programas dirigidos a minimizar los desperdicios sólidos a través el reciclaje y su conversión a energía.  Esto incluye fomentar actividades secundarias que ayuden a diversificar los ingresos en aquellas estructuras de una facilidad que ya tenga una actividad principal.  Estos programas ayudarían a alargar la vida útil de los desperdicios mientras se aprovechan algunos desechos para otras actividades.  Dos ejemplos de esto serían triturar vidrio reciclado para convertirlo en arena o usar procesos de tratamiento de agua para generar energía.

Finalmente es importante examinar y considerar las recomendaciones contenidas en el informe publicado por la ASCE.  Hay que tener una discusión profunda sobre cómo podemos reconstruir y mantener nuestra infraestructura como motor de la recuperación económica que tanto añoramos.  Tengamos finalmente la voluntad para implantar lo que se nos lleva recomendando y advirtiendo hace décadas.  Manos a la obra.

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