Hernán Vera Rodríguez

Tribuna Invitada

Por Hernán Vera Rodríguez
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Transitar por la isla es una tortura

La transportación en Puerto Rico es un ejercicio de frustración que, indudablemente, tortura a los puertorriqueños. Puerto Rico carece de un sistema efectivo y eficiente de transporte público masivo.

Seguramente muchos preferirían guardar sus vehículos y, en su lugar, acceder a sistemas de transportación masiva que resultaran más económicos y convenientes. Lamentablemente, los modelos de crecimiento económico y la planificación urbana que se han dado en la isla, unidos a las políticas de transportación, no han permitido que el transporte público masivo sea una opción viable como lo es en otros estados del mundo.

Habría entonces que preguntarse, ¿cuál es la realidad de Puerto Rico? Al no haber un sistema eficiente de transportación pública masiva, la isla se ha convertido en uno de los países con mayor proporción de automóviles por habitante en el mundo. Resulta entonces paradójico que diversas administraciones públicas hayan incurrido en prácticas que graven económicamente a los conductores.

Veamos algunas de ellas. A la mayoría de los vehículos que se importan, se les impone un arbitrio, cuyo valor, por lo general, oscila entre$750.00 y $10,000.00. El combustible también ha sido afectado por varios impuestos, conocidos comúnmente como “las cruditas”. Además, en el 2004 se estableció un cargo por manejo y disposición de neumáticos.

A estos impuestos, se les suman aumentos en las multas de tránsito; la imposición de un sistema de Autoexpreso y el establecimiento de un nuevo esquema de inspección de vehículos que no responde a la realidad de las carreteras del país. Si a esto le añadimos que el 45% de la población en Puerto Rico vive bajo los niveles de pobreza, es fácil deducir que muchos de los vehículos de motor que circulan por nuestras vías están propensos a no aprobar dichas inspecciones.

En estos días, la prensa anunció que 12 municipios instalarán sistemas municipales de “fotomultas”. Entendemos que esta medida no responde a un análisis ponderado, sino a la necesidad de los municipios para aliviar la situación fiscal que los afecta.

Llama la atención que en Puerto Rico el gravamen a los automóviles prácticamente equivale a los llamados “vice-taxes”, alternativas fáciles de política tributaria que aumentan los arbitrios a cigarrillos, alcohol y actividades similares.

En Puerto Rico, los automóviles no son instrumentos banales, sino herramientas indispensables para trabajar, estudiar, asistir a citas médicas y muchas otras gestiones ciudadanas

Definitivamente, los formuladores de políticas públicas deberían generar otras alternativas de recaudación de fondos, que no encarezcan más el uso de los vehículos de motor privados. Ya es tortura suficiente transitar por vías en pésimo estado, sufrir congestiones de tránsito diariamente, y contar con pocas esperanzas de que esta situación mejore en un futuro previsible.

El ciudadano puertorriqueño quiere ayudar a levantar asu país, y el gobierno tiene la responsabilidad de apoyarlo.

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