Jaime Lluch

Punto de vista

Por Jaime Lluch
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Trump, Bolsonaro y la Peste

Escribió Albert Camus en La Peste (1947): “…y por decir aquello que se aprende en medio de las pestes: que hay en los hombres más cosas dignas de admiración que despreciables”.  Hemos visto el sacrificio de tantas personas que están haciendo su trabajo en la primera línea de lucha en contra del virus, pero también hemos visto que la pandemia ha puesto en relieve a personajes menos admirables. 

Previo a esta peste, en los últimos años el mundo estaba siendo azotado por otra epidemia: el crecimiento de los partidos políticos populistas de derechas. Hemos visto como Víktor Orbán en Hungría ha aprovechado la crisis para convertirse en el primer dictador dentro de la Unión Europea y Matteo Salvini en Italia ha tratado de sacar rédito político de la desgracia ajena, pero todavía más irresponsables en su manejo de la pandemia en sus países han sido Donald Trump y Jair Bolsonaro.  Estos dos jefes de gobierno empezaron como negacionistas del virus en enero-marzo (Bolsonaro todavía lo es), y han sido negligentes en su gestión de la crisis.  Todos estos populistas de derechas tienen en común su desprecio por la inversión en la salud pública, el gobierno, y la ciencia: precisamente los tres puntos cardinales que necesitamos para doblegar el virus.

Bolsonaro en Brasil continúa su cruzada en contra de las medidas de aislamiento y distanciamiento que la gran mayoría del mundo sigue. Para este antiguo militar, conocido por su hostilidad contra el ambiente, el arte y la cultura, los derechos sociales y los derechos indígenas, el virus es solo una especie de “pequeño catarro” y el mundo está demasiado histérico. Él recientemente despidió a su ministro de Sanidad, Henrique Mandetta, y lo sustituyó con un negacionista.  

Brasil siendo una federación, sin embargo, los gobernadores de los estados que representan 200 millones de la población de 210 millones, se han negado a seguir las instrucciones de él sobre el virus.  Solamente tres de los 27 estados de Brasil han relajado las medidas y se estima que un 60% de la población está en casa.  Wilson Witzel, gobernador de derechas de Río de Janeiro, acusó a Bolsonaro de ser temerario y planteó que su comportamiento puede llevarlo a la Corte Penal Internacional en La Haya.  Solamente los gobernadores de los estados de Rondonia y Roraima están mimetizando a Bolsonaro (Phillips 2020).

En la misma línea, Trump tan tarde como finales de febrero decía que “esto va a desaparecer. Un día, como un milagro, va a desaparecer”.  Mintiendo como siempre, el 27 de febrero dijo que una vacuna va a estar disponible “muy pronto” y “muy rápidamente”.  Y aseguró el 29 de febrero ante el disparate de su gestión, que Estados Unidos estaba tomando “las medidas más agresivas de cualquier país”.  El 10 de marzo nos decía que el virus es muy leve, menos serio que el Flu A.  En las “conferencias de prensa”, Trump sigue mancillando la imagen de Estados Unidos ante el mundo, cuando por ejemplo acaba de decir que para combatir el virus ingerir desinfectante vendría bien.

La revista alemana Der Spiegel se refiere a Trumplandia como “el paciente americano”.  Probablemente, más paciente de sanatorio mental que de hospital.

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