Angie Vázquez

Tribuna Invitada

Por Angie Vázquez
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Trump es tan peligroso como ISIS

Comparo la evolución social con un espacio cerrado lleno de puertas misteriosas que la humanidad va abriendo, poco a poco, esperanzada de hallar nuevos horizontes para una mejor vida. Una vez cruzados los buenos umbrales, la sabiduría adquirida en el camino nos dicta que hay puertas que debemos cerrar para siempre dejando en el pasado lo nefasto y salvaje de otros tiempos. Algunas, como la esclavitud, no deben ser abiertas nunca jamás.

Pero Donald Trump ha reabierto algunas moralmente objetables y peligrosas. La exacerbación de la xenofobia, por ejemplo, es por sí sola muy grave. Con su discurso de odio, temo que ya ha infligido daño sustancial a la sociedad norteamericana, lo que le hace tan peligroso como Al Qaeda, Isis y el Talibán. Por definición, terrorista es aquel que siembra terror y manipula el miedo y la ansiedad para controlar poblaciones. Entonces, hay que llamarle lo que es. Trump es un terrorista capitalista.

En la sociología de las muchedumbres, hace un siglo que Gustav Le Bon (1841-1913) describía la dinámica de líderes y seguidores al decir: “Ante la creencia en un daño inminente, la multitud se desmanda. Se producen entonces actos inauditos de heroicidad y de desesperación, hasta que llega la histeria colectiva que sólo puede ser controlada y dominada por la violencia serena de unos pocos”. Trump genera histeria para devorar cuanto pueda pescando en rio revuelto. Por eso es determinante la estratégica contrafuerza que pueda el Partido Demócrata desarrollar para detener su enfermiza avaricia.

“El heroísmo puede salvar a un pueblo en circunstancias difíciles, pero es la acumulación diaria de pequeñas virtudes lo que determina su grandeza”, decía Le Bon, asegurando que los destinos humanos pueden cambiar para bien cuando cada ciudadano se inserta en la resistencia aportando desde su lugar en la historia. Ese rol le corresponde a todo el que entienda las implicaciones de la avaricia de Trump.

Desde su carisma fascista, Trump manipula genialmente la muchedumbre aumentando la zozobra social. El no representa a nadie. Como camaleón, se codea con todos pero su verdad es estar solo consigo mismo. Usa la retórica del disparate, realzada con sus dotes histriónicas, presentando el chiste como exaltación del odio o simulando ignorancia. Recluta seguidores entre los que viven en rabia y quieren venganza. Es la voz de la discordia.

Sus vulgares gestos, su escasa sensibilidad, su personalismo neurótico, sus mentiras patológicas y falsas promesas han despertado los demonios de sectores violentos de la supremacía blanca norteamericana y el miedo esclavizador de otros infiltrados que, como perros flacos, sueñan con filetes.    

Ha hecho daño porque ofende y humilla a trabajadores, soldados, mujeres, emigrantes y minorías; ofrece venganza a los que, por vivir en una sociedad de triunfos en derechos humanos, escondían sus prejuicios sanguinarios; ha invertido realidades y revertido logros convirtiendo lo moralmente correcto en defecto y lo irreverente en virtud; revitaliza las fuerzas de los que viven del odio inyectando anti-valores para el resurgimiento de sistemas de explotación y discriminación humana. 

El daño está hecho porque ese sector retrogrado que tenía que contener sus abusos a sabiendas de que la ley y la moral del pueblo los sentenciarían en sus delitos a la humanidad, ahora se siente efervescentemente activado como turba depredadora y jauría en caza. Lo que comenzó como “show” de entretenimiento se convierte en pesadilla y antesala de una guerra social.

Trump y las oportunistas pirañas tienen que ser detenidos. La humanidad debe evolucionar contra viento y marea defendiendo el respeto por la diversidad y la convivencia. No lo contrario. Es mucho lo que se juega en estas elecciones.

Con todo, es posible resarcir daños bloqueando las puertas de la barbarie mediante el refuerzo de una comunidad solidaria en el interés de lograr prosperidad humanista.  Ese es el papel histórico que le corresponde al Partido Demócrata en estos momentos y a Hillary como primera mujer candidata presidencial. ¡Nada fácil esta versión de La Bella y La Bestia!

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