Pedro Reina Pérez

Punto de vista

Por Pedro Reina Pérez
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Trump: incendiar el futuro

Donald Trump ha trinado de nuevo en Twitter sobre Puerto Rico, y como siempre, sus palabras destilan el horror de su particular ignorancia. Aprovechando la cercanía de la tormenta Dorian, aludió a los $91,000 millones aprobados por el Congreso y destacó que era una suma récord para “cualquier lugar”. Su trino incluía una pregunta retórica sobre las tormentas: “¿Terminarán algún día?” Yo temo que no.

Leí este trino mientras ponderaba las palabras del periodista español Antonio Caño, quien en su más reciente columna señalaba el fin del liderazgo político y moral de Estados Unidos en el mundo, a cuenta del ademán intolerante y pendenciero de Trump. En él y sus acciones han encontrado albergue los peores sentimientos del sector más ignorante y nacionalista de ese país, temeroso del mundo y nostálgico respecto a un pasado inventado que nunca existió. Sospecho, no obstante, que el fenómeno es más complejo y vil de lo que a primera vista parece. Mientras Trump persigue con odio a las minorías y reduce el acceso público a la salud, los mercados de valores permanecen incólumes, no empece la riña tarifaria con China. Las fortunas corporativas no paran de engordarse, con rebajas de impuestos y desregulaciones a granel. Estados Unidos empieza a adaptarse a este gobierno que deviene la glorificación del egoísmo sin escrúpulos y de la gratificación inmediata, llevándose por medio las conquistas sociales que en su día fueron referencia para el mundo. ¿Cómo queda Puerto Rico en todo este panorama?

En tres años apenas, Trump ha dinamitado la expectativa de cualquier progreso en la resolución favorable de la condición colonial de la isla. Tanto nos aprecia que ofrece regalarnos a Dinamarca, a cambio de Groenlandia. Pero no solo ha sido él; ha contado para ello con un Partido Republicano pusilánime que se arrodilló ante sus desmanes, empezando por la comisionada residente, Jennifer González y siguiendo con la colectividad local. El rey puede estar desnudo y esta gente se comporta como si el mandatario vistiera su mejor atuendo. Ríen ante el fantoche más despiadado y corrupto de su estirpe, aquel que maneja el miedo y el odio como moneda franca. Ante esa hecatombe, es imperativo ponerse a buen resguardo y prepararse para un largo, larguísimo invierno. Mientras, arde el Amazonas.

Jair Bolsonaro preside Brasil como Nerón la Roma ardiente. Con crueldad inusitada, incita a la destrucción del pulmón americano del planeta al tiempo que se burla de manera soberbia de las críticas. El futuro no parece importar. Arde más que un bosque en Brasil: arde el patrimonio natural que pertenece a todos y que ciega con su destrucción el porvenir de todos. Bolsonarismo ha llamado la periodista brasileña Eliane Brum a esta nueva forma de totalitarismo que acomete, con supremo desparpajo, un holocausto contra toda la humanidad. Mientras tanto, Trump le aplaude y reitera que su gestión genocida tiene el respaldo de su administración. Una vez más ¿dónde queda Puerto Rico en todo esto? 

Acudo a la poesía de Palés Matos y concluyo que nuestra “…vida es una lámpara colgada del árbol sabio de la sombra; en ella se consume el aliento de otras vidas que prolongan su ingénito motivo sobre la forma actual, y perpetúan la fuerza de su enigma alucinante en el ser que será”. 


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