Kenneth McClintock

Tribuna Invitada

Por Kenneth McClintock
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Trump no impresionó

El lanzamiento de la campaña reeleccionaria del presidente Donald J. Trump no impresionó, ni en términos de contenido, ni en términos de logística política.

Primero, en términos de logística política, cometió un grave error.  Un exagerado crónico como Trump comete un grave error cuando convoca a un acto en una arena cuya capacidad está medida con precisión.  El Amway Arena en Orlando tiene una capacidad de 20,000 personas, tal como el Madison Square Garden (20,789) o el Coliseo Roberto Clemente, con capacidad para 9,000.  La capacidad conocida no le permite exagerar al punto de la mentira.

Segundo, del punto de vista de contenido, cualquier expectativa de que Trump iba a moderar sus tácticas al iniciar su campaña reeleccionaria, resultó una ilusión.  Atacó a mansalva al Cuarto Poder, faltándole poco para invitar a linchar a los periodistas presentes.  Usó medias verdades para describir el estado de la economía.  Continuó sus consabidos esfuerzos para dividir a nuestro país.  No abundó sobre todo lo que ha hecho para convertir el planeta en uno menos inseguro para vivir ante los riesgos ambientales, de guerras nucleares y de convertirnos en un mundo de refugiados sin país. 

Trump, con la ventaja del aura de un presidente incumbente, solo atrajo a 20,000 personas -la capacidad del Amway Arena.  Parece impresionante.  Parece.  Sin embargo, cuando se compara a las 9,000 personas que presenciaron el anuncio de candidatura del ciudadano, no incumbente, Ricardo Rosselló, hace cuatro años, no para presidente de 300 millones de habitantes sino para gobernador de una centésima parte de eso, el poder de convocatoria de Trump palidece.

Palidece también cuando se compara la movilización de 20,000 de Trump como incumbente con la movilización del senador Barack Obama, para aceptar su candidatura presidencial hace 11 años, en el Estadio Invesco Mile High, en Denver, repleto a su capacidad de 76,125 personas.

Donald Trump demostró en su anuncio de reelección que él verdaderamente cree que el Artículo II de nuestra Constitución nacional le da poder para hacer lo que le venga en gana, sin tener que responderle a nadie, incluso el Congreso de nuestro país.

Dedicó gran parte de su mensaje para reiterar su intención de no respetar el ejercicio de poderes constitucionales del Congreso, para acusar a los demócratas de ser socialistas y veinte cosas más, para entonces expresar su deseo de que demócratas y republicanos puedan llegar a entendimientos consensuales sobre inmigración, infraestructura y otras áreas de tranque en el Congreso.

Durante todo su mensaje, optó por ser el mismo Donald Trump al que nos tiene acostumbrado.  Después de su laureado discurso en las costas de Normandía el pasado 6 de junio, después de recitar la oración que su predecessor, Franklin Delano Roosevelt, dedicó a los miles de soldados estadounidenses que dieron el sacrificio máximo en esa invasión, Trump dejó atrás ese espíritu de concordia para retomar el rol del Trump bribón, abusador y agresor.

No sabemos aún cuál de 23 demócratas será el candidato presidencial, pero ya sabemos que el nominado republicano será más de lo mismo: Donald J. Trump.


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