Carlos I. Gorrín Peralta

Punto de vista

Por Carlos I. Gorrín Peralta
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Trump y Biden sobre Puerto Rico

En días recientes, este diario publicó una columna en la que Joe Biden, precandidato demócrata a la presidencia de los Estados Unidos, criticó severamente a Donald Trump por insultar a los puertorriqueños, sin entender que son ciudadanos americanos y se merecen el mismo apoyo del gobierno estadounidense que los demás ciudadanos. Lo acusó de no brindar asistencia luego del huracán María, de mentir sobre la ayuda enviada y de insultar la memoria de las personas fallecidas. No ha ofrecido ni empatía ni consuelo. Por supuesto, ya todo eso lo sabíamos.

En su empeño por conseguir votos de delegados a la convención demócrata, Biden hizo una lista de promesas: ayuda para la reconstrucción; financiamiento para Medicaid; $1.3 billones para carreteras, puentes, líneas eléctricas y acceso a banda ancha. Prometió crear miles de empleos, triplicar fondos para escuelas en los Estados Unidos y “en la isla”. Aquí empezó a mezclar otras cosas que sonaban dirigidas a Puerto Rico, pero que son vagas promesas de campaña para otros lugares. Por ejemplo, “cerrar la brecha entre los distritos ricos y los pobres” o “$1.7 billones en una revolución de la energía limpia”. Es decir, que su quincalla electorera se limita a aumentar la dependencia de fondos federales, no a estrategias de desarrollo sostenible para que Puerto Rico pueda salir de su crisis financiera, provocada por las estructuras políticas y económicas actuales.

Volvió a referirse a Puerto Rico al prometer que alentará a empresas americanas para que inviertan en la isla. La idea es vieja. Esa fue una de las principales razones para conquistar a Puerto Rico en 1898: invertir capital estadounidense con materia prima barata y costos menores de producción. Por eso crearon después la extinta Sección 936, para que sus empresas pudieran lograr grandes ganancias.

 Hoy no hay empresas 936, pero pagan muy poco por las ganancias de $35 mil millones que sacan de nuestro país anualmente, tres veces lo que recibe Puerto Rico en transferencias federales, mientras peligran las pensiones, reducen los servicios médicos y cierran escuelas. Habría que preguntarle a Biden cómo alentará esa inversión si también promete un salario mínimo de $15 la hora.

En cuanto al régimen territorial, Biden propone “reconocer las deficiencias pasadas y abrazar un futuro de fortaleza para Puerto Rico, con vínculos justos y equitativos con Washington”. ¿Qué quiere decir eso? Propone crear “un grupo de trabajo para Puerto Rico” con representantes de diversas agencias federales. ¿No fue eso precisamente lo que hicieron Clinton, Bush II y Obama, cuyos informes concluyeron que seguimos siendo un territorio no incorporado sujeto a los poderes plenarios del Congreso? Propone “involucrar a los puertorriqueños, incluyendo a los representantes de todas las opciones de status, en un proceso de autodeterminación, escuchando y desarrollando legislación federal que detalle un camino justo hacia delante”. ¿Eso incluye la opción territorial?

 Se trata de un canto de sirena, que suena bonito pero solo persigue engañar. Resulta iluminador que Biden haya designado como copresidentes de su campaña en Puerto Rico a Alejandro García Padilla, territorialista, y a Zoé Laboy, estadista, y como integrantes adicionales del comité a Carmelo Ríos, portavoz PNP en el Senado, y a Tatito Hernández, portavoz PPD en la Cámara. ¿Qué es lo que quiere Biden? ¿La libre determinación de Puerto Rico, o la perpetuación del dominio estadounidense sobre nuestro país? ¿El desarrollo económico de nuestro país, o la continuación de su explotación por los intereses económicos que se lucran de nuestra capacidad productiva?

¿Quién le falta el respeto y le miente a Puerto Rico? ¿Trump con sus bufonadas irrespetuosas abiertas? Claro. ¿Biden con su retórica melosa que encubre cínicamente el propósito de perpetuar nuestra condición colonial? Trump no es el problema, sino la territorialidad en que nos han mantenido por 121 años, conduciéndonos a nuestra crisis política, económica, social y moral.

¿Cuándo vamos a decir basta ya, para romper las cadenas y encaminarnos hacia nuestra libertad?

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