José Aponte Hernández

Tribuna Invitada

Por José Aponte Hernández
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Trump y la estadidad son compatibles

Contrario a muchos de los pronósticos, Donald Trump, un magnate multimillonario de Nueva York, se convirtió en el presidente número cuarenta y cinco de los Estados Unidos. La realidad es que el mensaje populista, de que la economía había dejado atrás a algunos sectores de la nación, caló profundo en muchos renglones de la sociedad estadounidense, y aunque Trump no ganó el voto popular - Hillary Clinton está al frente por más de 1.4 millones (63,045,226 a 61,607,950) de votos -, sí prevaleció en el Colegio Electoral, relativamente fácil, 290 a 232.

Desde su elección, hace casi tres semanas atrás, mucho se ha hablado de lo que esta significará para el proceso de la admisión de Puerto Rico como el estado 51 de la nación. Se ha comentado que las posturas, un poco radicales, exhibidas durante la campaña por el presidente electo, trastocarían los derechos de varios sectores de nuestra sociedad, al igual que impondrían una segunda política de aislamiento, tal y como sucedió después de la guerra de Vietnam en los años setenta.

También se ha dicho que su presidencia podría ser piedra de estorbo para las aspiraciones de los puertorriqueños. Nada más lejos de la verdad.

La realidad es que en la Plataforma de Gobierno del Partido Republicano, adoptada en la convención nacional de julio en Cleveland, establece claramente que se respetará y actuará sobre los resultados del plebiscito de status de 2012, en el cual los votantes de la Isla rechazaron la actual condición colonial por un 54 por ciento y escogieron la estadidad por un 61 por ciento.

El pueblo americano avaló esa plataforma eligiendo a Trump, así como a la mayoría de los candidatos republicanos a puestos en el nuevo Congreso. El presidente electo de la Cámara de Representantes federal, Paul Ryan (R-Wisconsin), y el líder del Senado Republicano, Mitch McConnell (Kentucky), tienen un mandato del pueblo, a quienes ellos representan, de promover la admisión de Puerto Rico como el nuevo estado de la Unión.

Mientras esto sucede en el continente, los ciudadanos americanos de Puerto Rico seleccionaron un rumbo directo hacia la estadidad con la elección de la inmensa mayoría de los candidatos del Partido Nuevo Progresista. Durante la campaña, la colectividad llevó el mensaje de la necesidad de la admisión para asegurar el futuro de nuestra gente. Ese mensaje caló en el pueblo.

Ante estos resultados electorales, tanto en el continente como en la Isla, no existe ninguna razón para que Washington, D.C. no actué sobre la admisión de la Isla. Inclusive, la Sección 402 de la Ley federal “Puerto Rico Oversight, Management, and Economic Stability Act”, mejor conocida como ‘PROMESA’, establece la oportunidad para que se lleve a cabo la primera consulta de admisión auspiciada por el gobierno federal en la historia de Puerto Rico.

La estadidad y Trump son más que compatibles. Lo que hace falta es voluntad.

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