Manuel Rivera

Desde la Diáspora

Por Manuel Rivera
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Trump y la inconclusa agenda contra el racismo

El presidente Donald Trump ha condenado la violencia de “todas las partes”, en reacción al atropello masivo que dejó un muerto y varios heridos de gravedad, y la muerte de dos policías en el accidente del helicóptero que monitoreaba los incidentes de las marchas raciales en Charlottesville, Virginia. 

Trump, quien dispara sin reservas en Twitter, tardó horas en expresarse sobre los incidentes. Simplemente pidió que los estadounidenses “se unan”.

Esta vez, Trump usó palabras similares a las de su discurso de victoria en las primeras horas del 9 de noviembre, justamente cuando los supremacistas blancos celebraban su victoria.

Tenemos que mirar con detenimiento el historial de la campaña política de Trump para entender sus acciones. Y es que su base política se encuentra en estos grupos de ultra derecha. Desde el primer día en que descendió por la escalera mecánica de la torre que lleva su nombre, Trump Tower, conscientemente, Trump echó gasolina al fuego. Su campaña fue racista, xenófoba, energizó a la derecha radical (el Alt Right), llevando a a la superficie política lo peor de la sociedad norteamericana.

Sus llamados para que el país se una suenan sin sentido, mientras no asuma la responsabilidad de su papel como presidente para acabar con la división de linajes que impera en Estados Unidos.

De nuevo, esta semana durante su conferencia a la prensa, el presidente evadió adjudicar las responsabilidades donde verdaderamente deben caer y, denunciar contundentemente el racismo.

Quiso ubicar a los grupos antirracistas en el mismo nivel que los de la ultra derecha, el Alt Right, la derecha alternativa que está en auge en Estados Unidos y que defiende la herencia blanca europea como la raza superior y la única capacitada para gobernar al país.

Tomemos el ejemplo del neonazi David Duke, ex líder del Klan en Luisiana, quien apoyó a Trump durante su campaña y se expresó de la siguiente forma sobre la violencia mortal en Charlottesville:

“Esto representa un punto de inflexión para la gente de este país. Estamos decididos a recuperar nuestro país. Vamos a cumplir las promesas de Donald Trump. Eso es lo que creímos. Por eso votamos por Donald Trump, porque dijo que va a recuperar a nuestro país”.

Las palabras de Duke reflejan la opinión de un movimiento nacionalista blanco que ve a Trump como su campeón.

No podemos equivocarnos. Trump mantiene como su principal estratega al exjefe de Breitbart News, Stephen Bannon, quien se ha jactado de decir que proveyó “la plataforma para el alt-right”, un término de fantasía para la supremacía blanca en la era digital.

Sería cándido aseverar que estos grupos de ultra derecha llegaron a Charlottesville, Virginia, a protestar pacíficamente. Por el contrario, llegaron allí con la intención de alterar la paz y buscar confrontaciones violentas.

Los vídeos y fotos que han circulado por las redes sociales lo expresan todo: milicias vestidas de camuflaje y armamento de alto calibre, que eran confundidas con autoridades del orden civil o la guardia nacional. Estaban equipados con antorchas como las que se usaban en los tiempos de la esclavitud para amedrentar a los esclavos, escudos, cascos de protección, palos, consignas y carteles con insultos contra judíos y otros grupos minoritarios. Realizaban el saludo nazi y portaban banderas confederadas. Como si hubiera una verdadera guerra en el país, escalada por la desigualdad social y temerariamente por el racismo puro.

Hay quienes por ignorancia asumen el discurso de Trump como objetivo y critican a Black Lives Matter. Pero la base de esta organización es combatir el racismo imperante en Estados Unidos. Es una sombrilla de comunidades diversas: afroamericana, blanca, hispana, asiática, judía, entre otras minorías convencidas de la vida de los afroamericanos importa. Todo lo contrario a lo que propaga el Alt Right.

Por eso, aquellos que, con argumentos infundados, acusan a Black Lives Matter de provocar la masacre de policías en Dallas, Texas, durante una marcha pacífica, hablan irresponsablemente y tratan de confundir a la opinión pública. Se trata de un juego de palabras del movimiento Alt Right, que reclama en sus redes sociales tener 300,000 miembros, y dice que recluta a cerca de 25,000 personas al año. David Brown, exjefe de la Policía de Dallas, desmintió los señalamientos contra Black Lives Matter y aclaró que el agresor estaba desafiliado y actuó solo.

El Southern Poverty Law Center, del que soy miembro desde hace más de una década, en la edición de esta semana de su revista Intelligent Report, publicó una columna de opinión de Hiedi Beirch que explica que la organización documentó más de 900 incidentes de ataques de odio, muchos de estos contra latinos, en los primeros 10 días de la victoria de Trump. De acuerdo al reporte, estos fueron cometidos por seguidores de Trump o en su nombre.

Debemos tomar en cuenta, también, que el periódico del Ku-Klux-Clan, The Crusader pidió el voto para Trump. Tituló su primera página inspirándose en el eslogan de campaña, “Volvamos a hacer a ‘América Great". Por eso no sorprende la actitud de Trump en este tema. Sus posiciones se contradicen.

Para que sanen las cicatrices en Charlottesville, debemos empezar reemplazando la estatua del general Robert E. Lee y eregir un monumento en honor a la joven asesinada cobardemente por un neonazi. Hether Heyer protestaba pacíficamente contra el racismo y la desigualdad social.

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miércoles, 16 de agosto de 2017

Trump y la inconclusa agenda contra el racismo

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