Christian Ibarra

Tribuna Invitada

Por Christian Ibarra
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Trump y la infamia

Era de esperarse. El presidente Donald Trump llegaría al país trece días después del desastre como uno de esos turistas desesperados que hacen escala, exigen whiskey, un paseo 5 estrellas, y regresan a lo suyo.

Para narrar “una isla rodeada de agua, agua grande, agua de océano”, hay que mojarse. Lo mismo para entender una catástrofe de la cual apenas conocemos sus primeros saldos. Requiere tiempo y voluntad. Lo que se llevó Trump en un par de horas fue una postal de aeropuerto que, sin embargo, nos revela nuestra propia cara.

Puerto Rico, además de una crisis humanitaria, vive desde hace mucho una crisis de expectativas. Lo ocurrido el día de ayer mezcla tragedia y carnaval, un montaje a la altura de nuestras desigualdades.

¿Cuánto le habrán pagado a esos actores de reparto de Guaynabo? Extras de una película barata, ejecutivos de un jangueo que arrebata vidas. ¿Qué harán con ese papel, cómo tragar aquel arroz? ¿Cómo mirarán a alguien que perdió su casa, a alguien que tuvo que enterrar a un ser querido por falta de oxígeno después de lo de ayer?

No hay papel absorbente que contenga la mugre que arropa a nuestro gobierno. Lo de Trump no tiene nombre. Lo que indigna y avergüenza a partes iguales es que su teatro también desenmascara la mansedumbre de una clase política que siente orgullo de su bajeza. Él se va, ellos se quedan. Toca levantar o acaso refundar un nuevo país; menos doloroso y más digno que este.

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