Eudaldo Báez Galib

Tribuna invitada

Por Eudaldo Báez Galib
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Trump, ¿y los republicanos de aquí?

El Partido Nuevo Progresista tiene control del Partido Republicano y Demócrata en Puerto Rico. Luego de las primarias presidenciales, en las que Donald Trump obtuvo la candidatura, todo el sector republicano le apoyó.  No escuchamos disensiones a esa candidatura. Aún no las escuchamos, lo que puede implicar que el apoyo persiste.

Nunca en la historia de la presidencia estadounidense un incumbente ha marchitado tanto ese cargo. Lo que no sorprende. En su retórica primarista insultó a personas, etnias, periodistas y hasta al liderato de su propio partido. Propició la mofa y la confrontación física. Elevó la mendacidad a un arte.

La sospecha de colaboración con Rusia, para lograr el triunfo electoral, dejó de serla. Es investigada tanto por el Congreso como por un fiscal especial. Residenciarlo no es ya fantasía.

El PNP ha calculado un silencio. Al inicio, porque entendía que esa candidatura no era viable. Luego, porque estimó que el comportamiento era meramente oportunista y la presidencia lo haría cambiar. Pero, ¡ninguna de las anteriores!

Hoy preside, cortesía del neo-nazismo, supremacista blanco y “derechismo-alterno”. Consecuencia de la rabia que el ‘Tea Party’ logró generar en un sector mayormente de blancos desventajados en zonas deprimidas, abanicada electoralmente por la propia dirigencia republicana.   

Sospecho que la indiferencia puertorriqueña a los procesos gubernamentales en Estados Unidos, excepto al asistencialismo, estimula al penepeismo a concluir que es cómodamente innecesario explicarse. Además, aquí no opera una oposición partidista que les fuerce. Un “pase palomo” gratis, cortesía de ese vacío.

La conveniencia del silencio también está íntimamente relacionada con la reelección del gobernador.  Este intenta consolidar la fuerza electoral PNP, que es mayor que la del PPD, alrededor de una adicción política: la estadidad. Ahí por qué garantizarla en cinco años, supliendo así la dosis apropiada para esa adicción. Mecanismo electoral efectivo, unido a combatir la Junta de Control Fiscal, para diluir las consecuencias predecibles de PROMESA.

Es mejor, entonces, ¡callar! No batir una capa llamativa ante aquel toro desbocado cuya base política detesta las minorías (somos hispanos), apoya la supremacía blanca (somos Brown) y al “English Only” (somos hispanoparlantes), además quebrados.

Sin embargo, la moralidad social exige asuman una postura pública. ¿Avalan o rechazan al trumpismo? Y, ¿cómo se inclina nuestra comisionada (republicana)? El electorado sí tiene derecho a conocer.

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