Roberto Alejandro

Desde la diáspora

Por Roberto Alejandro
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Trump y los supremacistas blancos

La violencia racial, pecado y herida original de la sociedad norteamericana, ha encontrado en Donald Trump un aliado natural.  Lo cual, para continuar el adjetivo, es también natural.

Por muchos años, Trump insistió en la ilegitimidad del presidente Barack Obama alegando un nacimiento en el sitio equivocado.  Propaló la falsedad de que Obama había nacido en Kenya.  Así combinó la negritud y lo extranjero, dos signos que la mentalidad racista y sobre todo sureña siempre interpreta como amenazas.         

En el caso de Trump, las corrientes subterráneas son más complejas.  El pasado año, la prensa reveló que su padre, Fred Trump, fue arrestado en 1927 durante unos disturbios provocados por una marcha del KKK en Nueva York.  Durante la campaña, Trump tartamudeó y alegó desconocimiento sobre tal organización antes de que, bajo presión, buscara distanciarse. 

Ya en la presidencia, hizo declaraciones oficiales sobre el Museo del Holocausto y se las arregló para no usar la palabra “judíos.”

En sus primeras declaraciones sobre la violencia de los supremacistas blancos en Charlottesville, tampoco mencionó al KKK ni a los neo-nazis que marcharon con la swastika y la bandera de la confederación esclavista.  Habló de responsabilidades en “many sides.”

No es de extrañar.  Su principal asesor es el supremacista blanco y anti-semita Steve Bannon, quien hasta hace muy poco fue el dueño y cerebro de Breitbar, un portal que se identifica como el hogar del Alt-Right.   Cuando se le preguntó directamente si rechazaba el apoyo de los supremacistas, guardó silencio.  Es muy claro que Trump tiene una convicción espiritual que le impide repudiar al KKK de la misma manera que tampoco puede criticar a Putin.  Es convicción y atadura.  “De la abundancia del corazón habla la boca.”  Por eso tardó dos días para llamar las cosas por su nombre.  Es el mismo patrón: su racismo le impide pronunciar las palabras correctas.  Es la presión quien se las arranca.  Y aun así se las tienen que escribir.

Algunos conservadores ya dicen que Estados Unidos confronta un radicalismo de ultraderecha y otro de ultraizquierda.  Es la estrategia retórica para ecualizar dos realidades totalmente disimiles.  La ultra derecha que marchó en Charlottesville glorificó los símbolos nazis y el pasado esclavista.  Los jóvenes progresistas que allí estuvieron defienden la igualdad entre los seres humanos y la diversidad necesaria en todo orden civilizado.  La derecha quiere igualar estos valores, hasta ayer considerados centrales en la identidad política norteamericana, con los principios del fascismo blanco.

Los barruntos son malos.  Y de acuerdo al Southern Poverty Law Center coinciden con la existencia en Estados Unidos de 917 grupos dedicados a promover actos de violencia contra grupos minoritarios.

En medio de esta ciénaga, la prensa informa que Trump necesita nutrirse, dos veces al día, de noticias e imágenes, seleccionadas por sus ayudantes, que lo describan de forma positiva y honren su “liderato”.  Y el general Kelly, el nuevo jefe del personal en la Casa Blanca, ha establecido como prioridad controlar la información que llega a la atención presidencial.

Cito de la revista digital Politico:  “In the West Wing, many of the president’s most controversial decisions have been attributed to bad information partially because the president is easily swayed by the last person he has talked to—or the last thing he has read.”

He has made decisions about legal matters or major policy decisions while consulting with some aides—only to reverse them after talking to family members or friends, who he dials late at night.”

Y del Washington Post:  “Trump had little time for in-depth briefings on Afghanistan’s history, its complicated politics or its seemingly endless civil war. Even a single page of bullet points on the country seemed to tax the president’s attention span on the subject, said senior White House officials. “I call the president the two-minute man,” said one Trump confidant. “The president has patience for a half-page.”

El refrán puertorriqueño prueba su tino: “Dios nos coja confesa’os”.

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viernes, 21 de julio de 2017

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