Antonio Quiñones Calderón

Punto de vista

Por Antonio Quiñones Calderón
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Una Biografía de Puerto Rico

“La historia del mundo es la biografía de los grandes hombres”, afirmaba Thomas Carlyle, el escritor e historiador sueco. Fue el asidero de que me valí para escribir mi más reciente libro, Una Biografía de Puerto Rico, y lo hice descifrando las notables y puntuales aportaciones del centenar de puertorriqueños –y uno que otro no nacido en Puerto Rico, pero puertorriqueñizado por sus afanes con nuestro pueblo– que, a mi entender, forjaron, hicieron, el Puerto Rico de tantos matices, fraguado a partir de 1493 por la inventiva y la dedicación de sus pioneros.

Desde luego que el libro –yo lo considero una penetrante crónica de los hacedores de Puerto Rico– no pretende una nueva edición de la historia de Puerto Rico, que con tanta erudición nos han obsequiado a través de los años autores como Paul G. Miller, Alejandro Tapia y Rivera, Tomás Blanco, Salvador Brau, Antonio S. Pedreira, Lidio Cruz Monclova, José Luis Vivas Maldonado, Eugenio Fernández Méndez, Francisco Scarano, Loida Figueroa, Arturo Morales Carrión, Ricardo Alegría y Fernando Picó.

Más bien trata mi trabajo sobre las gestas y los logros que –para hacer el Puerto Rico que describen esos insignes autores– hizo ese centenar de hombres y mujeres, en el uso de los particulares talentos que el Buen Dios puso en sus almas y su entendimiento y se esforzaron por hacer más digno, más humanamente habitable, más esperanzador el destino de las mujeres y los hombres que pueblan la tierra descubierta en la gesta colombina de 1493. Sin ellos, desde luego, no habría una biografía de Puerto Rico.

Es, entonces, el libro –que se presentará este miércoles 10, a las 7 pm, en Casa Norberto, en Plaza Las Américas– un trabajo alrededor de quienes a lo largo de una historia plagada de dolorosas caídas y heroicas puestas en pie; de decepciones y satisfacciones por igual; de desalientos pero de optimismo también, se esforzaron por construir, paso a paso, y según sus posibilidades particulares, el Puerto Rico, inconcluso aún, que quisieron legar a las siguientes generaciones.

Leyendo el afán de cada uno de los protagonistas de nuestra historia –forjadores de la agricultura, el comercio y la industria, la religión, las ciencias, las artes y la educación, la literatura, la poesía, agronomía, ingeniería y arquitectura, el cine y el teatro, los deportes, el periodismo, el derecho, el humanismo, la política y otros útiles oficios cotidianos, tanto en el desarrollo privado como en el público y en todo el quehacer de nuestro pueblo, merecen el reconocimiento de sus particulares proezas.

De manera que el hilo conductor del libro podría resumirse como un intento de responder a las siguientes preguntas: descubierta el área geográfica de Puerto Rico, ¿cómo comienza a forjarse nuestro pueblo?, ¿por quiénes?, ¿cuáles las circunstancias que hallan sus primeros hacedores?, ¿cuáles sus luchas, sus miras y su legado?, ¿cuáles los obstáculos? Intento hallar respuesta a esas y otras preguntas en un empeño por dejar claro para el registro a quiénes debemos la inconfundible personalidad y aspiraciones de nuestro pueblo.

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