Benjamín Torres Gotay

LAS COSAS POR SU NOMBRE

Por Benjamín Torres Gotay
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Una bonita lección para Wanda Vázquez

Un hombre es arrestado y llevado a corte. No tiene claro quién lo acusa ni de qué. No tiene, por lo tanto, cómo defenderse. Eso lo contaba Franz Kafka en “El Proceso”, su novela cumbre, publicada en el 1925. Eso pasa también todos los días en Puerto Rico, donde, como en todo sitio donde gobierna la demencia, la realidad a menudo supera a la ficción.

Una de las últimas veces que alguien fue a corte sin saber quién le acusaba de qué, el país pudo verlo en vivo, porque fue un dramón transmitido por la televisión y los periódicos. Es que se trataba de la secretaria de Justicia, Wanda Vázquez. El Fiscal Especial Independiente (FEI) le imputaba haber metido la cuchara en un caso en el que la víctima era su hija.

Hubo muchas cosas perturbadoras en ese caso, entre ellas esta: Vázquez ni sus abogados pudieron ver las declaraciones juradas de quiénes la acusaban, para ver qué decían y así poder defenderse. El caso se sometió, como le llaman en el argot de las cortes “por el expediente”. O sea, la acusada no sabía quién decía qué de ella.

Eso pasa todos los días a acusados desconocidos, que, sin poder defenderse apropiadamente, demasiado a menudo terminan arrestados por casos que después, cuando son bien vistos, puede que se caigan como castillo de arena arrasado por olas.

Es una de tantas maneras crueles y abusivas que tiene el Estado de cargar los dados contra quien tenga problemas con la ley. No le basta con tener miles de policías, fiscales y técnicos forenses o las leyes, la Constitución y toda la autoridad, para probar sus casos. Tiene también que estar tomándose ventajas abusivas así.

Vázquez prevaleció porque no es ni desconocida, ni pobre y tenía, por lo tanto, un “dream team” de abogados, que, con la poca información que tenían a mano, pudieron armar la imbatible defensa que le evitó la ignominia de ser arrestada en plena sala, ante los ojos de Puerto Rico entero, que estaba pegado de la transmisión.

Ese casi nunca es el caso. De una vista de Regla 6, que es el primer paso en un proceso criminal y en el que un juez decide si hay motivos para poner bajo arresto a un imputado, casi nadie sale bien, pues es una cantidad ínfima de evidencia la que se necesita para permitir la cosa continuar. Recordemos que el acusado tiene mínimo dos turnos más para defenderse: la vista preliminar y el juicio en su fondo.

Pero, en el caso de los acusados pobres, que son la inmensa mayoría, una simple vista de Regla 6 puede representar la cárcel, porque si le imponen una fianza que no pueda pagar, como sucede tan a menudo, va derechito a la mazmorra más cercana.

Así fue, por ejemplo, hace unas semanas: la joven Génesis Ortiz se presentó ante el juez Edgar Figueroa imputada de maltrato de menores por negligencia por haber dejado a su bebé sola en su apartamento en el residencial Villa España. El juez le encontró causa para arresto y le impuso una fianza de $100,000 que la joven claro que no podía pagar,lo que la envióa prisión por una imputación que, si en su día se le probara, no conlleva la cárcel como pena.

Queda claro, entonces, que la Regla 6 no es cosa menor, ya que le puede costar a un ser su libertad, que es casi como decir su humanidad. Como son las cárceles aquí, nadie sabe qué puede pasarle a una persona una vez traspasa las puertas de una prisión y se cierran tras de sí los gruesos barrotes. El imputado, pues, merece las garantías que hay en cualquier etapa del proceso, de las cuales el derecho de confrontar a su acusador es una de las más importantes.

Los abogados de los pobres se encuentran con radicaciones así todos los días. “El someter los casos por declaración jurada es el uso y costumbre de los fiscales”, me dijo en estos días una veterana abogada de la Sociedad para la Asistencia Legal (SAL), que representa a los imputados de delitos graves que no tengan dinero para contratar defensa.

“Si no fuera porque el caso de la secretaria de Justicia fue sometido por declaración jurada, que es la forma y manera por la que protestan los abogados diariamente, nadie hubiese tomado conciencia del abuso de poder y el atropello de todos los días a los que se somete a los ciudadanos en este país. Esta vez se pisó un callo grande, ah, y ahora con esta situación se enteró la humanidad de los abusos. Mientras tanto, a nadie ni le dolía ni se preocupaba”, agregó la abogada, que prefiere que no se le identifique.

Hay gente buscando que esto pare.

Los legisladores independentistas Juan Dalmau y Dennis Márquez presentaron esta semana sendos proyectos en Senado y Cámara respectivamente para que se prohíba la radicación de cargos solo por declaración jurada y que los fiscales estén obligados a presentar a sus testigos, para que puedan ser contrainterrogados. La representante del PNP, Maricarmen Mas, pidió que se investigue prohibirlo, salvo en casos relacionados a menores o de agresiones sexuales.

Uno supondría que en la primera vista, la deponente sería Wanda Vázquez, apoyando estos proyectos.

Antes de ser secretaria de Justicia, Vázquez fue fiscal. Ha sido siempre partidaria de las políticas de mano dura. No reconoce siquiera que haya problemas de trato desigual en el sistema de justicia. Desde enero de 2017 hacia acá, cada vez que un fiscal somete un caso “por el expediente”, ha sido con el aval, explícito o implícito, de ella.

Pero, los golpes enseñan. Las experiencias de la vida abren la mente a nuevas perspectivas. La angustia que vivió Vázquez al verse del lado contrario en que siempre había estado en el sistema de justicia, con su futuro en juego y sin saber bien cómo defenderse, porque sus acusadores no pusieron todas las cartas sobre la mesa, como se ha hecho con su venia tantas veces, quizás le trabajó.

La gente, cuando tiene la oportunidad de estar en los zapatos de otro, aunque sea por unos días, como fue el caso de Vázquez, ve la vida distinta.

De hecho, Vázquez no tiene que esperar ninguna ley. Hoy mismo, puede instruir a sus fiscales a que no vuelvan a radicar casos solo con declaraciones juradas. En los próximos días sabremos si aprendió esta bonita lección que la vida quiso darle a ella y a todos nosotros o si seguirá, látigo en mano, incurriendo otra vez en estas costumbres tan feas.

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