Kanil Ortiz

Punto de vista

Por Kanil Ortiz
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Una carta al mundo

Esta es una carta dirigida al mundo. Hoy dedico esta carta a ti y quiero que sepas que tanto yo como muchas otras personas estamos tristes por lo que está pasando. Hoy me levanté con ganas de escribirte y dejarte saber mi sentir.   

Te cuento que en un día cualquiera la humanidad se levantó con una noticia inesperada y aterradora. Nunca pensamos que un virus pudiera ser tan horrible como este. De repente nos levantamos y nos dimos cuenta que somos vulnerables. Que no somos tan fuertes como aparentamos ser ante el mundo entero. Que hoy y cada día que pasa nos levantamos asustados, con miedo a lo que pueda suceder, y tratamos de escondernos dentro de nuestra valentía, una que ante los ojos del mundo y de Dios no existe. Vivimos en tiempos de virus. Vivir en estos días es un caos para todo el mundo.  

Estamos pasando por un momento en el que no importa lo que tengas, ya sea material, ropa, joyas o dinero, no podemos tener la libertad que siempre habíamos tenido, por no correr el riesgo de ser contagiados. Una libertad que nos fue quitada por nosotros mismos. No supimos apreciar lo que teníamos y terminamos dañando el mundo en donde vivimos. Nos hemos encargado de propagar una pandemia, sin tener en cuenta el daño que nosotros mismos estamos causando por no hacer caso a la madre naturaleza ni al llamado que la misma vida nos estaba haciendo. Me pregunto todos los días al despertar: ¿es esto real? ¿Hasta dónde podemos llegar y qué somos capaces de hacer? ¿Podremos nosotros mismos poner fin y vencer esta crisis? 

Hoy por hoy vivimos aislados de la sociedad por no poner atención a las alertas. Se nos ha establecido un toque de queda en el que no podemos hacer nuestra vida cotidiana, ir al parque a pasear, ni sacar al perro, ni correr bicicleta, ni tener ningún tipo de socialización, solamente con los integrantes de tu propia casa, siempre y cuando estén en buen estado de salud. Ver televisión es estar todo el día con tensión. Y no es que esté mal mantenernos informados de lo que sucede, pero llegamos al punto donde no queremos sentirnos abrumados. Tratar de mantener la calma en estos tiempos es una prueba de vida. Mantener la seguridad y la tranquilidad es un rompecabezas. 

Escuchamos todos los días sobre los “status” de los contagiados, sobre la cantidad de muertos que hay y sobre lo que están haciendo en cada país para mantener al pueblo seguro y libre de contagios. Pero aun así somos tan irresponsables que seguimos propagando la enfermedad sin tomar en cuenta a los demás.  

En Italia, España y Nueva York, que ahora es el epicentro del virus, mueren miles de personas, predominando las personas de mayor edad y unos pocos infantes y adolescentes. Eso no significa que el resto de la población no esté exenta de contagiarse. Todos nos podemos contagiar, inclusive aquellas personas que tenemos la salud comprometida, como los diabéticos, los asmáticos, los que padecen de condiciones cardiacas entre otros. “La Gran Manzana”, la ciudad que nunca dormía, ahora duerme. Los vehículos no salen a contaminar las carreteras. Las fábricas ya no contaminan el ambiente. Los museos ya no son visitados y las playas están desoladas. A pesar de todo ello, seguimos siendo unos inconscientes, porque seguimos haciendo lo que nos da la gana y muchos no respetan el toque de queda.

De cierta manera, nos estás dando las gracias, porque hoy se respira el ambiente fresco y no contaminado y los pájaros salen a cantar sin temor. Los árboles sonríen porque no son cortados, las aguas están claras y sin contaminación. 

Que esto nos sirva de enseñanza. Mundo, nos estás dando una gran lección de vida. Si una vez pasada la crisis no aprendimos nada, no habremos aprendido nada en la vida.  

Me despido dejándote saber que mi más grande deseo es seguir siendo parte de ti.  


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