Pedro Reina Pérez

Punto de vista

Por Pedro Reina Pérez
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Una conciencia competitiva

Con su reciente afirmación de que está con el presidente Donald Trump porque él es republicano, el presidente de la Junta de Control Fiscal, José Carrión III, nos entrega mucho más que una declaración de lealtad hacia el primer mandatario estadounidense porque nos permite apreciar el cálculo que sostiene esta postura. Operación que revela, además, hasta qué punto puede contorsionarse su conciencia en la realización de sus objetivos como presidente y empresario que son, a pesar de su afirmación en el sentido contrario, indistinguibles. Tanta candidez en sus palabras desborda cualquier nivel apropiado de tolerancia, porque para este servidor las acciones de la Junta no son una mera abstracción financiera sino un daño real y duradero al tejido social y moral de Puerto Rico. Una herida sangrante, concreta y trágica que cargarán las generaciones futuras.

 Afirma Carrión que son muchos los puertorriqueños que apoyan al presidente Trump dentro y fuera de la isla y que, en un proceso democrático, es bueno que el respaldo se reparta entre las opciones disponibles. Lo contrario es peligroso porque desaparece la competencia, según su opinión. Nótese que en estas palabras no existen distinciones éticas, morales o legales entre las “opciones” para equiparlas falsamente en una especie de suma pragmática personal, hecha a su medida. O se es republicano trumpista cabalmente —al decir de este señor— o no se es. Así las cosas, el todo o nada que emana de sus palabras, dibuja el contorno de su propia ceguera.

Que hoy se diga que uno respalda a Trump porque es republicano demuestra la inmensa miseria actual de un partido que, como el Fausto de Goethe, vendió su alma al diablo por una efímera recompensa. Y esto es así porque los republicanos que no respaldan a Trump prefieren el silencio cobarde antes que sufrir el escarnio de los fanáticos que lo defienden. En consecuencia, funden literalmente el porvenir del partido con el del déspota que hoy lo encabeza: un sujeto probadamente misógino, xenófobo y mentiroso. Quien respalde a Trump a estas alturas está de acuerdo con el coloniaje racista que mantiene a los puertorriqueños sometidos a la voluntad del Congreso; la degradación del ambiente a causa de la desregulación; la explotación de menores separados de sus familias en la frontera; la exaltación de la desigualdad económica mediante una reforma tributaria amañada; y el sabotaje de las instituciones democráticas de supervisión y balance al poder ejecutivo por un rufián vulgar, megalómano y narcisista (dicho por el propio The Wall Street Journal). Que nada de lo anterior concite en el señor Carrión III asomo alguno de escrúpulos da cuenta de una pobreza ética que degrada sus decisiones al más bajo de los estamentos: el de la soberbia.

 Sepa el señor Carrión III que serán estas acciones las que consignarán a la historia tanto sus notables carencias personales como su inseparable oportunismo. Cuando uno enfrenta la trágica encomienda pública que él aceptó como quien escoge “opciones” de apuesta en un hipódromo, las pérdidas se multiplican. Esa es la infelicidad de poseer una conciencia competitiva: una que es dúctil según las circunstancias.

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