Teresa López

Tribuna Invitada

Por Teresa López
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Una de las mejores apuestas

Nuestros antepasados entendieron que la existencia de una escuela de artes plásticas y de un conservatorio de música era necesaria para el desarrollo de puertorriqueños talentosos.

Que el derecho constitucional a la educación, implicaba formar a futuros artistas, diseñadores y músicos de nuestro país, cuya labor ha construido nuestra cultura, la ha convertido en un tejido rico y diverso, y puesto en alto a nuestro país.

El proyecto de consolidación de la Escuela de Artes Plásticas y el Conservatorio de Música con la Universidad de Puerto Rico del senador Antonio Fas Alzamora, no constituye una mejora para la educación superior pública, sino un empeoramiento. Tampoco se justifica como una manera de proveerle una mejor administración y garantizar un mayor presupuesto. Ni puede garantizar que la educación que ofrecen actualmente se pueda mantener al mismo nivel de calidad.

Dicha fusión lo que representa es la destrucción de dos de los proyectos artistico-educativos y culturales más importantes de la historia de nuestro país. ¿Por qué ese afán de destruir dos instituciones educativas que han contribuido tan grandemente a forjar nuestra cultura?

Lo que la Escuela y el Conservatorio enfrentan es resultado directo del neoliberalismo que se ha arraigado en la política en la última década, una forma de pensamiento político y económico que disminuye el valor de la educación y la cultura. Esto no es algo que está sucediendo sólo en Puerto Rico; dondequiera que el neoliberalismo se ha arraigado en el mundo, los gobiernos abandonan su responsabilidad educativa y cultural, sucumbiendo a las presiones del mercado.

Lo que la Escuela y el Conservatorio necesitan de nuestra Legislatura son leyes que los fortalezcan, no que los fracturen. En lugar convertirles en sombras de lo que son, los legisladores deben ofrecerle a ambas instituciones, la autonomía que posee la Universidad, para que puedan ofrecer programas de la más alta calidad, fortalecer sus servicios y contar con administraciones más eficientes.

La defensa de ambas instituciones debe ser una prioridad del Gobierno, de la comunidad cultural y educativa y de todos. No se trata sólo de promover un espacio para que algunos aprendan a pintar o a tocar violin, sino de salvaguardar el derecho a una educación donde la imaginación, la creatividad, el intelecto y la sensibilidad son prioritarias. Se trata de reconocer la contribución central de ambas instituciones en el desarrollo de la economía creativa y el rol primordial que ello juega en una sociedad obsesionada por el materialismo y el consumo.

Nuestro país tiene en ello una de las mejores apuestas para afrontar el momento crítico que vivimos.

n Las expresiones de la autora no representan la posición oficial de la Escuela de Artes Plásticas ni del Conservatorio de Música

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