Pepo García

Punto de vista

Por Pepo García
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Una elección histórica

Aunque hay un llamado a salir a votar y se percibe un deseo de acudir como nunca antes a las urnas para provocar un cambio, la realidad es que si la oposición al Partido Nuevo Progresista (PNP) se fragmenta, como parece ser con los nuevos partidos que en esta ocasión han entrado al escenario político, podría favorecer nuevamente al PNP, salvo que sigan sucediendo eventos históricos.

La elección de 2016 es un ejemplo bien claro de lo que podría volver a repetirse. A pesar de que el PNP sacó el porciento más bajo en su historia política desde su fundación en 1968, un 41.8 %, pudo ganar la elección porque el 58.1% de la oposición se fragmentó. 

En las pasadas elecciones el candidato a la gobernación del PNP, Ricardo Rosselló, sacó 660,510 votos (41.80%), mientras que el 58.1% de la oposición se subdividió en 614,190 (38.9%) votos para el PPD; 175,831 (11.1%) votos para Alexandra Lúgaro; 90,494 (5.7%) votos para Manuel Cidre; 33,729 (2.1%) para María de Lourdes Santiago (PIP); y 5,430 (0.3%) para Rafael Bernabe (PPT).

El hecho de ser un partido que vive arraigado a la ideología anexionista, y con la posibilidad de que llamen a un plebiscito el mismo día de las elecciones, unido a los temores de muchos estadistas ante lo que está pasando en el país, hará que un gran número de penepés acudan a las urnas a votar por la estadidad y, con mucha seguridad, le den el voto nuevamente al PNP no importa lo que haya pasado, porque es el partido que impulsaría su razón de ser. Esto a pesar del desastre que ha tenido esta administración en lo que va de cuatrienio.

En otras palabras, a pesar de estar débiles y algunos considerar que se encuentran en el peor momento de su historia, lo que sin lugar a dudas es un hecho, la realidad es que no están muertos. Tienen un corazón del rollo ideológico fuerte, posiblemente el más numeroso en comparación con cualquier otra colectividad, que en su momento y ante la estrategia política que utilicen, con los recursos económicos y enfocados en el mensaje que han llevado de miedo a la independencia y la izquierda que se quiere apoderar del país, serán un hueso duro de roer.

Derrotar al PNP en las urnas en las últimas elecciones ha dependido de un PPD fortalecido con votos de independentistas y el llamado voto flotante y realengo, que no tiene compromiso con nadie y ha venido aumentando como parte de la insatisfacción con los partidos tradicionales. En la elección de 2016 esto no aconteció por el efecto Lúgaro-Cidre.

Esa oposición subdividida en muchos partidos parece ser su mejor carta en su peor momento. Los nuevos partidos políticos como Victoria Ciudadana y Proyecto Dignidad, junto al PPD y al PIP, sin lugar a dudas van a subdividir la oposición y le restarán al PNP. Victoria Ciudadana tendría que triplicar los votos que sacó Lúgaro en el 2016 para ser una opción, algo que sería histórico, y el PPD, que se encuentra también herido, no parece ser la alternativa para el cambio que se persigue, porque se perciben como más de lo mismo y atraviesan también por un momento crítico.

Sin embargo, lo mejor que tiene Victoria Ciudadana son las nuevas generaciones que están en la calle. En el 2012 los electores hábiles entre las edades de 18 a 39 años, los llamados millennials (nacidos entre 1982 y 1994) y la generación Z o centennials (nacidos a partir de 1995), fueron 925,990. En la próxima elección, 2016, y a pesar de la abstención electoral que se viene dando, ese número aumentó a 1,059,695 y se comienza a ver una tendencia. 

Estas generaciones no tienen ningún apego a los partidos políticos tradicionales, pero no habían aparecido en el escenario hasta las pasadas elecciones, cuando encontraron en Lúgaro una líder a tono con sus creencias y el agente de cambio que ellos buscan. Lúgaro y Victoria Ciudadana tienen que lograr que la inmensa mayoría de esos jóvenes voten por ellos para ser una opción real y así provocar que la revolución pacífica que inició en el verano de 2019 en la calle se dé en las urnas.

Así las cosas, lo que podría estar en bandeja de plata para el PNP -ganar nuevamente con una mayoría simple, es decir, sin obtener una mayoría absoluta o superior a la mitad más uno del número total de los votos emitidos, como ocurrió en el 2016- se podría malograr si es que acuden las nuevas generaciones a las urnas y escuchan los llamados de los artistas y de los deportistas, entre otros sectores. 

Pero hay que mover muchos votos para  vencer al PNP, posiblemente  sobre 700,000 electores en este nuevo escenario político de cinco partidos y romper con lo que pasó en el 2016, cuando el PNP ganó apretadamente; salvo que no suceda otro evento histórico, como los que últimamente están pasando en Puerto Rico.  

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