Melissa Marzán Rodríguez

Punto de vista

Por Melissa Marzán Rodríguez
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Una generación sin VIH en Puerto Rico

Hace pocos días, Puerto Rico fue sede una conferencia sobre hepatitis y el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) en la que se presentaron resultados de esfuerzos en el manejo de esa epidemia por parte de varios sectores. La conclusión es que se ha trabajado exitosamente para reducir en 69% los casos de VIH/sida en un periodo de 15 años, pero queda mucho trabajo por delante

El primer desafío que tenemos es que no existe de una política pública definida de cómo debemos eficientemente aunar los esfuerzos de todos los sectores y allanar el camino para los retos que debemos enfrentar. No me refiero a cómo se manejarán los fondos que eventualmente llegarán, sino a cuál es la visión y la voluntad política para crear estrategias de prevención que retan a nuestro propio sistema. ¿Estamos dispuestos a trabajar por la descriminalización del VIH? ¿Estamos dispuestos a visibilizar las comunidades más vulnerables ante la epidemia?

Mientras a nivel local estamos en la espera de los fondos, necesitamos una política pública, articulada y clara de cuáles serán las acciones del estado para llegar a la meta de que Puerto Rico tenga cero casos nuevos de VIH en o antes del 2030. La visión debe ser que el VIH afecta a todos, así que la prevención y el tratamiento debe ser accesible a todos. Esa política pública no conlleva un impacto fiscal, en caso de que eso fuera una excusa para la inacción, lo que requiere es voluntad. 

Urge voluntad que permita reunir a todos los sectores que llevan décadas trabajando con nuestras comunidades: organizaciones de base comunitaria, la academia, el sector público, el sector privado y las comunidades impactadas por la epidemia. Esa conversación no puede ser a puertas cerradas. Ese estilo caducó en Puerto Rico hace un poco más de un mes. 

A continuación presento algunas de las estrategias que se pueden adoptar dentro del marco de la política pública de acabar la epidemia del VIH en Puerto Rico. Algunas ya son utilizadas en otros países:

1. Revisar órdenes administrativas, municipales o leyes con disposiciones que fomenten la criminalización del VIH para derogarlas. (Ejemplo: Adoptar el modelo salubrista para personas con uso problemático de drogas);

2. Reconocer y reducir la estigmatización dentro de las estructuras gubernamentales que tienen a su cargo desarrollar y ejecutar la política pública (ejemplo: Adoptar guías de cuidado que aseguren el manejo correcto para las comunidades más vulnerables);

3. Fortalecer la competencia cultural de los proveedores de VIH para que se puedan visibilizar las necesidades de las poblaciones más vulnerables (ejemplo: Exigir educación continua en acceso a cuidado en comunidades LGBTQI);

4. Continuar fortaleciendo los sistemas de vigilancia que monitorean la epidemia (ej. Fortaleciendo los sistemas de reportes de laboratorio electrónicos y así impactar tanto a nivel individual como de comunidad); 

5. Incluir colaboraciones intergubernamentales que incluyan educar a grupos de adolescentes y jóvenes (13-18 años) sobre el continuo de prevención de VIH (ejemplo: Fortalecer los programas de prevención de VIH, colaborando con la comunidad para educar a la población, donde el Departamento de Educación incluya en sus currículos los nuevos esfuerzos en prevención de la epidemia);

6. Ampliar la participación de las organizaciones de base comunitaria y la academia en el manejo de la epidemia (ejemplo: Identificar con sus datos las áreas de mayor necesidad e intervenciones preventivas);

7. Desarrollar alianzas público-privadas que permitan proveer métodos de prevención secundaria (ejemplo: PrEP) y,

8. Desarrollo de guías de prevención basadas en evidencia (ejemplo: Indetectable=Intrasmisible)

Atravesamos muchas crisis, entre otras la carencia de liderato en salud pública, que suele tener repercusiones de carácter irreversible en nuestras comunidades. Sin embargo, tenemos en nuestras manos la gran oportunidad de demostrar que podemos lograr una nueva generación sin VIH en Puerto Rico.

Recordemos que la meta internacional “90-90-90: Tratamiento para todos” procura que para el 2020: el 90% de las personas que viven con el VIH conozcan su estado serológico respecto al VIH. La meta también incluye que el 90% de las personas diagnosticadas con el VIH reciban terapia antirretrovírica continuada y que el 90% de las personas que reciben terapia antirretrovírica tengan supresión viral. 

Esta meta viene unida a que el fin de la epidemia del sida sea en el 2030. La articulación de estas metas internacionales, sin duda son un gran reto a la salud pública, pero a su vez busca un gran logro internacional. 

A principio de 2019, el presidente estadounidense Donald Trump mencionó su compromiso respecto a su plan para terminar la epidemia de VIH/sida en 10 años en los Estados Unidos. “End the HIV Epidemic: A Plan for America” es la iniciativa que articula el gobierno federal para trabajar con los esfuerzos que lograrán la meta de reducir los casos nuevos del virus. Puerto Rico es parte de ese plan federal para trabajar en estos esfuerzos. Esto permitirá la llegada de fondos federales a la isla para atender las estrategias de prevención necesarias que deben adaptarse a nuestras comunidades. Hasta aquí hay un plan. El resto nos toca a nosotros y las estrategias antes desglosadas pueden ser medulares.



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