Benjamín Torres Gotay

LAS COSAS POR SU NOMBRE

Por Benjamín Torres Gotay
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Una historia de terror

En el relato que dio a la Policía el director de finanzas de la Compañía de Fomento Industrial, Rubén Rivera López, está lo más importante que, por el momento, tiene que ser entendido del enorme escándalo derivado del tumbe de $2.6 millones a esa agencia gubernamental.

“Alguien”, dijo Rivera López al agente que lo atendió en el cuartel, según el informe oficial que el policía preparó, “envió un correo electrónico a esta institución (Fomento Industrial) informando sobre un alegado cambio de cuenta para que se emitieran los pagos de remesas”. “Acto seguido”, continúa el informe de la Policía, “para la fecha del 17 de enero de 2020, se efectúa un pago por la cantidad $2,609,495.67 a la mencionada cuenta, que resultó ser una cuenta fraudulenta en el extranjero”.

Mucho humo ha comenzado a cubrir este asunto desde que se supo de este escándalo.

Se habla de crímenes cibernéticos, “hackeo”, “phishing” y otros términos así, cotidianos para los que transitamos a diario el ciberespacio. El FBI dice que logró congelar las cuentas, por lo que, según esta versión, el dinero no se ha perdido. Ha trascendido, aunque sin tanto detalle, que otras tres agencias públicas fueron víctimas de estas estafas. La cuenta de los timos, dicen, va ya por más de $4 millones. Nos cuentan también que esto ha pasado en muchísimos otros sitios.

Mas no permitamos que las cortinas de humo, fuegos artificiales y juegos de espejos nos desvíen de lo que de verdad es importante, y aterrador, en esta trama.

Al final de todas las sofisticadas triquiñuelas que hayan hecho los perpetradores de este crimen contra Puerto Rico para llegar a quien aprieta el “send” de las transferencias, el fraude no se habría consumado si un fulano de carne y hueso, tras leer el email que “alguien” le envió, no hubiera procedido “acto seguido” a efectuar el pago sin haber hecho la más mínima corroboración, como pasó en Fomento Industrial.

Más aterrador todavía: no hay ningún indicio en este momento de que ninguna de las personas que permitió, cometió o supo en su momento de estos tremendos actos de temeridad (Fortaleza dice que sabía de esto desde el 23 de enero) haya sido siquiera separado de sus funciones por cuestiones preventivas, mucho menos despedido, como le habría pasado a casi cualquiera que metiera las patas así en la empresa privada.

Hasta lo que sabemos, las mismas personas que recibieron un email de “alguien” y “acto seguido” le mandaron $2,609,495.67 sin encomendarse a ningún santo siguen a cargo de programas, procesos y gestiones oficiales de gran importancia en el gobierno de Puerto Rico. Deben darnos a todos escalofríos que personas con tal grado de inconciencia, de incompetencia, de temeridad, estén a cargo de cuestiones importantes en el gobierno de todos nosotros, con facultades hasta de mover millones de dólares de un lado a otro.

La incompetencia en el gobierno nos ha costado ya demasiado caro. Nos ha costado, para no decir más, vidas, como fue el caso tras el huracán María. Nos está costando también en todo el sufrimiento en la zona sur de la isla tras el terremoto del mes pasado. Lo que se sabe hasta ahora del fraude contra cuatro agencias de gobierno representa una tunda adicional de golpes contra el país de parte de un gobierno que ha llevado a niveles nunca vistos la incompetencia, la ineptitud y la torpeza.

En su momento, quizás, caerá preso el que pudo averiguar a quién había que escribirle para que le mandaran facilito millones de dólares. Dicen, y eso en su momento se corroborará, que todo el dinero fue o será recuperado. Hasta ahí, santo y bueno. Mas eso no puede, no debe quitarnos el terror que da que gente con carencias tan enormes esté hoy, y puede que vaya a seguir mañana, a cargo de asuntos de vida y muerte para todos nosotros. ¿Quién puede dormir así?

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