Fernando Cabanillas

Tribuna Invitada

Por Fernando Cabanillas
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¿Una infección “venérea” contra el dengue?

Antes de hablarles de la intrigante y curiosa historia de la bacteria Wolbachia, permítanme darles una breve idea del problema del dengue en Puerto Rico. Este virus se propaga por un mosquito llamado Aedes aegypti, que también transmite el zika y el chikungunya. Pero ya las epidemias de estas dos enfermedades han desaparecido en la isla debido a que una gran parte de nosotros hemos estado expuestos, y por tanto somos inmunes a estos dos virus. Sin embargo, el dengue sigue siendo un problema, aunque es cierto que ha mermado algo, quizás porque la población de los mosquitos ha disminuido después de María, según ha dicho la epidemióloga del estado.

No obstante, en poco tiempo se espera que los mosquitos se recuperen y el problema vuelva. La Organización Mundial de la Salud ha clasificado el dengue como la más seria enfermedad viral transmitida por mosquitos. Un enfermo con dengue corre peligro de morir. Hay una variante de dengue llamado hemorrágico, en que las plaquetas pueden bajar drásticamente hasta causar hemorragias, y en otros casos ocurre un estado de “shock” provocándole la muerte al enfermo. 

Hasta ahora los esfuerzos para controlar estos virus han consistido en exhortar a la comunidad a evitar la acumulación de agua, que es donde se reproducen los mosquitos. También se está ensayando con vacunas. El uso de insecticidas y repelentes puede ayudar, pero lo cierto es que ninguno de estos esfuerzos ha sido exitoso en eliminar los brotes.

En 1996, un científico australiano, Scott O’Neill, “thinking outside the box”, como dicen en inglés, tuvo una idea brillante y absolutamente novel. Hace años se conoce de una bacteria de nombre Wolbachia, que infecta a los insectos en la naturaleza. Wolbachia se encuentra en el 60% de todas las especies de insectos, pero no los mata. De hecho, en la mayoría de los casos los ayuda y, por tanto, estrictamente hablando, le llamamos simbiosis en vez de infección. Es similar a lo que ocurre con la flora intestinal humana, donde las bacterias nos ayudan de varias formas. Curiosamente, Wolbachia es una “infección venérea” de los insectos, ya que se trasmite cuando estos se unen para reproducirse. El macho infectado le pasa la bacteria a la hembra durante el acto sexual y a la inversa.

A pesar de que Wolbachia habita dentro de la mayoría de las especies de insectos, incluyendo mosquitos, por alguna razón había olvidado al Aedes aegypti. O’Neill llevaba décadas inoculando mosquitos con Wolbachia, y un buen día se enteró de que esta bacteria interfiere con el virus del dengue, no permitiéndole reproducirse dentro del mosquito. ¿Cómo interfiere? Pues compitiendo dentro del insecto con el virus del dengue por los nutrientes. Lo mismo ocurre con los virus de chikungunya y zika.

¡Eureka! A O’Neill se le prendió la bombilla. Se le ocurrió que, para controlar el dengue, en vez de eliminar los mosquitos, pudiera ser más eficaz propagarlos y soltarlos en la comunidad luego de inocularlos con Wolbachia, para que esta bacteria contagie a todos los demás mosquitos así confiriéndoles resistencia a ese virus. Una vez infectados, el dengue no logra multiplicarse dentro de los mosquitos y por ende se evita la transmisión a las personas. Esto no requiere ningún esfuerzo humano, ni requiere matar a los mosquitos, ni evitar que nos piquen. Sencillamente los mosquitos, por medio de su actividad sexual, se encargarían ellos mismos de infectarse con Wolbachia y se responsabilizarían de eliminar el problema del dengue. Es como jugarle una treta maliciosa al dengue, mucho más sucia que la que nos juega el dengue a los humanos.

Claro que antes de hacer esto era importante asegurarse que la bacteria Wolbachia fuera segura para los humanos, los animales y también para el medio ambiente. Y por fortuna, así lo fue.  Se realizaron evaluaciones de riesgo en Australia después de la liberación de mosquitos con Wolbachia, y se encontró que el riesgo era insignificante. No se detectó problema alguno.

Con esta información, el doctor O’Neill y colaboradores en Australia acudieron a dos comunidades, y les presentó el proyecto. Después de pensarlo bien, las comunidades decidieron que valía la pena conducir el experimento. En una mañana de enero del 2011, soltaron miles de mosquitos infectados con Wolbachia en los suburbios australianos de Yorkeys Knob y Gordonvale. En las siguientes semanas se estudió la propagación de esta bacteria entre los mosquitos locales y el experimento fue un éxito: todos los mosquitos, después de varias semanas, ya eran portadores de la bacteria, pero aún más importante, la enfermedad del dengue despareció en ambas comunidades.

¿Cuál es el estatus de estos experimentos fuera de Australia? El programa está operando exitosamente en once países incluyendo Australia, Brasil, Colombia, Indonesia, Sri Lanka, India, Vietnam, Kiribati, Fiji, Vanuatu y Nueva Caledonia. ¿Y en los Estados Unidos?  Es inexplicable que desde 2016 en los Cayos de Florida estén usando otra estrategia, inoculando solo mosquitos masculinos con Wolbachia, lo cual causa que los huevos de las hembras sean estériles, reduciendo el número de mosquitos. Ese método es más laborioso, más caro y menos efectivo. Y sus resultados por el momento se desconocen. ¿Y Puerto Rico? Buena pregunta.

El monitoreo a largo plazo muestra que la inoculación de mosquitos hembras con Wolbachia es autosostenible hasta siete años después de que se sueltan los mosquitos, y no necesita ser continuamente reaplicado. Este método reduce la capacidad de esos insectos para transmitir el dengue, el zika, el chikungunya y la fiebre amarilla, sin suprimir las poblaciones de mosquitos y sin afectar los ecosistemas.

¿Y el costo? Pues muchísimo menos que los $16.9 millones que totalizó el contrato para las cartulinas infantiles de valores cívicos de Julia Keleher con sus jirafas, leones, camellos, elefantes y osos. ¿Qué si es más útil que ese librito? El método Wolbachia, no solo salva vidas, sino que le ahorraría al país y a la economía muchos días de ausentismo, además de reducir el uso de insecticidas tóxicos. Cuesta solo $1 por persona, lo que en Puerto Rico equivale a $3.32 millones, y su eficacia está comprobada.

¿Por qué no se ha popularizado todavía más este método? El Programa Mundial del Mosquito es la entidad que lo maneja en los países solicitantes. Es una organización sin fines de tumbe, perdón… sin fines de lucro. ¿Será eso que lo hace menos interesante?

Espero que los escrúpulos absurdos de la ultraderecha fundamentalista religiosa no los lleve ahora a exigir castidad a los mosquitos como método de controlar el dengue. Sepan que los mosquitos no son nada promiscuos, ni tampoco muy libidinosos. La hembra usualmente se junta con el mosquito macho una vez en su vida para reproducirse... y el pobrecito muere tres días después sin siquiera haber tenido el gusto de picar a nadie, porque solo la hembra es capaz de hacerlo. Por lo visto, el machismo no es parte de la cultura de los mosquitos. Todo lo contrario ¿En qué etapa de la evolución adquirimos los hombres la mala costumbre del machismo?

Espero también que los extremistas del “culto pro todo natural y anti todo artificial” no se opongan a este método. Después de todo, ¿existe algo más natural que las bacterias, los mosquitos y el acto sexual?

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domingo, 18 de marzo de 2018

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