José Humberto Rivera Madera

Tribuna Invitada

Por José Humberto Rivera Madera
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Una mirada a datos sobre las escuelas chárter

El mensaje televisado el pasado lunes en el cual el gobernador Ricardo Rosselló hizo pública su propuesta de reforma educativa, ha generado un mar de opiniones de todos los sectores del país al enterarse de su intención de pasar la administración de escuelas a entidades privadas sin fines de lucro, mejor conocidas como escuelas chárter.

Las reacciones a favor y en contra no se han hecho esperar y sin entrar en ninguna otra de las propuestas de la reforma, quiero compartir con ustedes varios estudios de universidades y asociaciones en Estados Unidos sobre el tema. Para entrar en contexto, lo primero que tenemos que entender es que una  escuela chárter es una escuela privatizada. En absolutamente todos los estudios que encontré sobre el tema, se refieren a las escuelas chárter como “private schools”. Rosselló ha intentado no utilizar el término privatización en la reforma educativa porque la palabra suena menos “sexy” que cuando la utiliza para referirse a la venta de la Autoridad de energía Eléctrica, pero la realidad es que es una privatización común y corriente.

Las universidades de Harvard, MIT y Michigan, en su estudio de 2011 sobre las escuelas chárter, encontraron resultados bien diversos y otros poco prometedores. Resaltan en el documento que las escuelas en lugares urbanos tuvieron mejor aprovechamiento que las de la ruralía y que los resultados de provecho académico variaban por materia y grado en comparación con las escuelas públicas.

El estudio fue consistente en que el mejor provecho académico fue logrado por minorías que ganaban un asiento por sorteo en escuelas urbanas pero no así en áreas alejadas de la urbe. Esto aplicado a la propuesta en Puerto Rico, representaría un atraso para escuelas fuera de áreas metropolitanas y el rezago de miles de estudiantes.

Un estudio de 2014 de la Universidad de Harvard, titulado “The Uneven Performance of Arizona’s Charter Schools” y realizado en el estado con el mayor porcentaje de sus estudiantes matriculado en escuelas chárter, también arrojó que estas escuelas habían sido modestamente menos efectivas que el sistema público.

Robert G. Smith, en su Carta Sobre Educación en Harvard volumen 31, Numero 1 de enero y febrero de 2015 titulada “Turning Conventional Wisdom on Its Head: Public Schools Outperform Private Schools”, echa por el piso la teoría establecida en los Estados Unidos en la década de 1990, en el sentido de que las fuerzas de mercado basadas en competencia, selección, autonomía e incentivos financieros aplicados a la educación pública, iban a resultar en un mejor aprovechamiento académico (teoría que recita el gobierno de Puerto Rico) .

El “Chubb and Moe’s Politics, Markets and America’s Schools” publicado en la década de 1990, basaba su idea en 4 puntos:

(1) Competir por los estudiantes atrayendo a los padres a su servicio.

(2) Tener menos regulaciones burocráticas como requerimientos a los maestros.

(3) Desarrollar nuevas técnicas de compensar a los maestros por rendimiento fuera de las uniones.

(4) Despolitizar el sistema y eliminar las uniones.

Si han seguido de cerca el mensaje repetido de Rosselló para justificar las escuelas chárter, notarán que es exactamente la misma teoría. Básicamente aplicar la teoría financiera de privatización a las escuelas públicas. Robert Smith refuta esto en su carta argumentando que por años los números fueron acomodados de manera que los resultados parecieran favorecer las chárter cuando la realidad es que la desregularización de requisitos a los maestros resultó en una educación inferior en casi todos los casos cuando se miraron los indicadores de forma independiente (género, grado, materia, composición social), sobre todo en grados intermedios y en materias como matemáticas y destrezas como lectura.

En el caso de Puerto Rico, esto levanta otra interrogante: ¿Van las escuelas chárter a operar bajo la nueva y esclavista reforma laboral del gobierno de Puerto Rico? ¿Con todo lo que representa la pérdida de beneficios y dinero a los maestros que traspasen a esas escuelas? Eso está por verse… recuerden, el diablo está en los detalles…

La National Education Asociation (NEA) publicó en su página un reportaje de Kevin Hart, titulado: “Charter Schools Not Keeping Their Promise to America’s Students”. Explica un estudio realizado por el Centro de Investigación Educativa de  la Universidad de Stanford,  que aduce a que las escuelas chárter están fracasando en transmitir en acción los logros que se adjudicaban y que el experimento se está derrumbando. Analizaron la data de 15 estados y del Distrito de Columbia y en más del 70% de los estudiantes.

Los resultados fueron reveladores. Solo un porciento menor de estudiantes matriculados en el programa mostró mejoría. El mayor problema resultó ser la calidad de la enseñanza. Compararon a estudiantes de chárter con demografía similar a la de estudiantes de escuela pública y encontraron que 37% estaba peor que los estudiantes del sistema público en matemáticas, 46% estaba igual y solo el 17% mostraba una leve ventaja (1 de cada 6). Estos son números reveladores de un estudio que es conocido como la referencia en cuanto a desempeño de las escuelas chárter en los Estados Unidos.

En su página de internet, la NCSL (National Conference of State Legislatures) tiene un estudio bien interesante que abarca prácticamente todo lo que hemos discutido arriba. Pero le suma la estadística de que el 12% de las escuelas chárter que habían abierto, han cerrado y que de esas, más de dos terceras partes lo hicieron por entrar en pérdidas o malos manejos. También señala que estas demostraron su inhabilidad de permanecer financieramente estables mucho antes de que la escuela fracasara académicamente. Dice que los estudios más rigurosos conducidos a la fecha encontraron que en promedio las escuelas chárter no son mejor o peor que las escuelas públicas y vuelve a hacer referencia al estudio que ya les presenté arriba para comenzar a desmoronar la teoría noventosa de Chubb and Moe.

Este estudio debería ser visto y estudiado por todos los legisladores de Puerto Rico antes de tomar una decisión para votar sobre el proyecto. En momentos donde ruegan tanto por la estadidad, la mayoría legislativa debería ver lo que plantean sus colegas en los estados.

Luego de presentados estos datos, queda claro que hay mucha data sobre el fallido intento de las escuelas chárter en los Estados Unidos y sobre el peligro que representa para los estudiantes y maestros la privatización del sistema de educación pública de Puerto Rico.

Estamos obligados a reconocer que los gobiernos que claudican al servicio básico y constitucional de brindar una enseñanza de calidad y gratuita a sus niños y jóvenes son gobiernos fracasados y entregados a intereses económicos mayores. La inmensa mayoría de los profesionales concuerdan en que los sistemas públicos de enseñanza serían mucho más efectivos si dispusieran de las bondades y recursos que le dedican a las chárter.

No es cuestión de privatizar la enseñanza, es cuestión de tener la voluntad de reformar y atemperar el sistema a los requerimientos de los tiempos. La fiebre no está en la sábana y privatizar es sinónimo de no tener la capacidad de administrar. Creamos más en nosotros como país, esa debe ser la consigna. 

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