Irene Garzón Fernández

DE PRIMERA MANO

Por Irene Garzón Fernández
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Una necesaria reforma constitucional

El referéndum revocatorio que el pueblo forzó con su exitoso reclamo para que Ricardo Rosselló Nevares renunciara a la gobernación de Puerto Rico debe servir de hoja de ruta para una necesaria reforma constitucional.

Ningún otro momento será mejor que el actual para que pongamos en marcha las lecciones que nos deja la histórica gesta que los ciudadanos, prácticamente con una sola voz, han protagonizado en apenas dos semanas.

La reforma de la Constitución puede ser para algunos una tarea secundaria, enfocados como hemos estado en la meta común de sacar a Rosselló Nevares de su silla, pero es precisamente el resultado positivo de esa gestión lo que pone de manifiesto la importancia de hacer ajustes a la Carta Magna.

Corresponderá a los expertos analizar la forma de convertir en un mecanismo accesible permanentemente al electorado el derecho ejercido en el caso de Rosselló Nevares para removerlo de su cargo antes de las próximas elecciones.

Tener a la mano ese mecanismo legislado, avalado por la Constitución, servirá también para que nuestros gobernantes entiendan que el poder está en el pueblo.

Como lo tenemos tan cerca— de hecho, Rosselló Nevares seguirá en su silla hasta el 2 de agosto—, podemos pensar que no hace falta ponerlo por escrito, pero la memoria a veces es corta y podríamos vernos nuevamente en la disyuntiva histórica que hemos vivido en las semanas recientes.

Decía en estos días una amiga que tendríamos que jurar todos que nunca más pondríamos a un Rosselló en la gobernación. Pero eso mismo juramos en el 2000, al finalizar el segundo y último cuatrienio de Pedro Rosselló, el padre del ahora renunciante.

En 2004 cumplimos la promesa y no permitimos que aquel primer Rosselló regresara a la Fortaleza, pero en 2016 lo olvidamos.

Además del referéndum revocatorio, tendríamos que incluir en la Constitución la segunda vuelta electoral. Que no pueda ganar unas elecciones un candidato que apenas reciba el 41% del voto, como fue el caso de Rosselló Nevares.

Nadie sabe si en una segunda vuelta entre los dos candidatos con más votos —en 2016 el segundo fue David Bernier— Rosselló Nevares hubiera triunfado, pero la democracia se habría servido mejor.

Otra enmienda, como la recién propuesta creación del cargo de vicegobernador, no parece tan urgente a la luz del reciente escándalo del chat de Telegram que culminó en la renuncia forzada de Rosselló Nevares. Si hubiera existido ahora un vicegobernador, ¿quién quita que habría estado entre los integrantes del chat?

Los momentos históricos que hemos vivido en estas semanas, y que todavía no terminan pues continúa siendo una interrogante quién reemplazará al renunciante, deben servirnos de inspiración para que tomemos medidas dirigidas a evitar la repetición de una crisis institucional como la actual.

El mundo entero nos mira y nos admira por lo que acabamos de lograr. Nos toca ahora hacer que esa admiración perdure.

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