Gustavo Gac Artigas

Tribuna Invitada

Por Gustavo Gac Artigas
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Un año de Donald Trump

Hace un año que yo tuve una ilusión. Hace un año que se cumple en este día.

Vivíamos tiempos de elecciones presidenciales en los Estados Unidos y soñé con el futuro, vi el presente, analicé el pasado, pero soñé con el futuro.

Vi el cambio: imaginé un país en que la sonrisa bañaría desde la costa este hasta la costa oeste, desde las cataratas congeladas del Niágara hasta la ciudad que se sumerge lentamente en el mar en el sur de los Estados Unidos, imaginé la sonrisa, no el miedo.

Las universidades abrían sus puertas a la educación gratuita, la salud también sería un derecho, y nadie, nadie quedaría a la merced de la muerte en el país más rico del mundo.

Soñé que no sería necesario hablar políticamente correcto, falsas declaraciones para cubrir que no se está haciendo lo políticamente correcto.

El cambio sacaría de la sombra a millones que, por fin, sentirían el calor del sol sobre su piel, el reflejo de la luz en los ojos de sus hijos, que podrían dormir sin sentir el temor de que al cruzar la puerta al día siguiente lo sería por última vez.

La prensa recuperaría su razón de ser, informar, no intentar imponer posiciones, y si los tiempos pedían a gritos una toma de posición ésta sería aparte, tomando el periodista su responsabilidad y dejando claro, "soy yo", y no disfrazando su posición en la noticia para influenciar y que piensen como yo.

El "yo" individuo levantaría su voz, expresaría su posición y tomaría partido en su voto, en un quiero el cambio, en un yo escojo, en un voto por y no en un voto en contra.

El cambio estaba suspendido en la esperanza. Ya no serían los banqueros los que gobernarían para beneficio de ellos, ya nadie -por poderosos que fueran sus bienes- estaría por sobre la ley, aquella que se aplica con mano de hierro a los de abajo.

El cambio se prometía, estaba al alcance de la mano, el cambio penetraba las candidaturas bañándolas de decencia.

Hace un año yo tuve una ilusión, que construiríamos las bases de una nueva sociedad, más justa, amable, tolerante, abierta al mundo, una sociedad que respete y se respete.

Pero mi candidato perdió, en su partido, sin decirlo -hay que ser políticamente correcto- lo hundieron, decidieron por nosotros, y el nosotros, el pueblo, we the people, fue manipulado nuevamente por las élites, por el dinero, por la ambición personal, y la democracia dejó de ser del demo puesto que el pueblo no es políticamente correcto.

Hoy, un año después de la ilusión, vivimos en un país al que se mira con lástima, al que compasivamente, como a un enfermo terminal, se le dice no se preocupen, el mal pasará, y de ser respetados, pasamos a ser compadecidos mientras tras las bambalinas se preparan otras ilusiones.

¡Y si de una vez por todas termináramos con el bipartidismo y buscáramos los senderos, los caminos, las rutas que nos lleven a regresar a una democracia verdaderamente representativa, amable, justa, en que protegiendo el bienestar de todos protejamos el bienestar del individuo, en que la pesadilla quede atrás y que la cicatriz que marca los Estados Unidos vaya desapareciendo, sin que jamás se olvide cuál fue la causal!

Hace un año que yo tuve una ilusión... y me desperté en la pesadilla.

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