Luis Alberto Ferré Rangel

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Por Luis Alberto Ferré Rangel
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Una nueva manera de ser

Cuando el huracán María se acercó a las costas de Puerto Rico, hace seis meses, la mayoría de los puertorriqueños no entendíamos en todas sus dimensiones el impacto que tendría un ciclón de intensidad catastrófica.

El 20 de septiembre, con la fuerza devastadora del temporal, empezamos a intuirlo. Mientras atravesó la isla, sus vientos arrancaron techos, árboles y tendido eléctrico. También zarandearon y terminaron por llevarse la ilusión de que destrucción, pobreza y subdesarrollo eran cosa lejana, ajena a nuestra tierra.

Puerto Rico quedó desnudo después del huracán. En muchos rincones se muestra soledad, desesperanza y luto. Quedan hermanos sin techo seguro y familias con hijos lejos. Transitar la isla evidencia todavía la crudeza del golpe.

Quedó descubierta la falta de preparación. A todos los niveles, doméstica, comunitaria, de infraestructura y de gobierno.

 Y vimos nuestra fragmentación.

El desastre nos obligó a detenernos.

A mirar.

En ese observar he conversado con ciudadanos de toda la isla para intercambiar experiencias. Compartimos lo que sentimos desde que el huracán cambió nuestras vidas. Reflexionamos sobre lo que nos pasó, por qué nos pasó y qué podemos hacer distinto la próxima vez.

Durante esos encuentros, no cesó de sorprenderme nuestra capacidad regenerativa y de resiliencia. Los que nos quedamos, buscamos nuevas maneras de existir, de colaborar. Nuevas maneras de ser.

Y sí, existen ruinas, físicas y emocionales. Queda mucho trabajo por delante, particularmente con los más vulnerables, nuestros ancianos y nuestros niños.

Porque la reconstrucción y la transformación es social primero y física después. De qué vale construir un puente sobre un río cuando, al otro lado, la comunidad sigue sumida en la pobreza.

Necesitamos estructuras que reduzcan la desigualdad y erradiquen las múltiples dimensiones de la pobreza. Mientras no las tengamos, seguiremos siendo cada vez más vulnerables. Para resistir nuevos golpes naturales, incluidas sequías, terremotos y tsunamis, necesitamos planificarnos y levantarnos sobre las bases de la justicia social.

El país necesita estructuras nuevas eléctricas, viales y de vivienda. También mentales y sociales. No podemos empezar nuestra recuperación dejando a medio país atrás. Es un deber ético y moral. No hacerlo es traicionar a quienes más han sido afectados.

Ante nosotros está la oportunidad de que la equidad deje de ser un concepto abstracto y ajeno para hacerlo práctico. Tenemos la oportunidad de construir redes de acción solidaria como han hecho ya muchas comunidades. Entre nosotros, ciudadanos y sectores. Con nuestro ambiente y con los recursos naturales. Tenemos la oportunidad de tejer relaciones nuevas para que la gobernanza sea más participativa.

En toda la isla brota ya el germen de un Puerto Rico más consciente. El huracán María activó miles de voluntades dispuestas a evitarque la tragedia sea cíclica. Exploran formas más sostenibles de vivir y relacionarse. Invitan a desvelar juntos el país que es posible. Tienen mente abierta y corazón dispuesto. Están dejando que emerja un nuevo Puerto Rico, solidario, sostenible y en paz. Esa es la ruta a seguir.

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