Gabriel Méndez Sánchez

Desde la diáspora

Por Gabriel Méndez Sánchez
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Una pandemia, calles desiertas y aire respirable en París

Una de las cosas que esta crisis sanitaria ha puesto en evidencia es lo difícil de cambiar los hábitos y costumbres no solo de una persona sino de todo un país. Aún no sabemos con exactitud el por qué Italia, España y Francia, pueblos de origen latino, han sido más duramente impactados que los pueblos de Europa del norte. ¿Acaso fue su raíz latina? Los pueblos latinos son muy gregarios y es corriente y habitual el contacto físico. Lo que es seguro es que Netflix no tardará en hacer una serie o película al respecto.

¿Víctimas del capitalismo salvaje?

Pero no es la única posible razón. Consideremos otros elementos importantes, como el hecho de que la mayoría de los países occidentales afectados por la pandemia han sido durante décadas sujetos a políticas neoliberales que desfinanciaron los sistemas públicos de salud y precarizaron los trabajos relativos a los servicios médicos. Los defensores de este modelo económico por años han insistido en cuadrar presupuestos a costa de desmantelar y encarecer la cobertura médica de sus ciudadanos. A la misma vez defendían un estado de bienestar corporativo dirigido a mantener a flote las corporaciones privadas, a través de contratos gubernamentales en tiempos normales y los “bailouts” en tiempos de crisis.   

Este capitalismo salvaje ha promovido la creación de empresas “offshore” para escapar a los impuestos. Es la deslocalización de sus fábricas y la focalización de la producción -por ejemplo, de mascarillas y otros equipos médicos- en China. Se sigue aquella máxima de que un obrero chino es más barato que uno europeo y los beneficios están por encima de toda consideración moral o patriótica. Y dado que la mayoría de las fábricas estuvieron paradas durante semanas, esto ocasionó una enorme penuria de artículos indispensables para enfrentar la epidemia en todas partes. Esto ha llevado a algunos países asumir prácticas poco éticas, como el secuestro de mascarillas compradas por Francia y recompradas por los Estados Unidos en el aeropuerto de Shanghai, China. O cuando el estado francés requisicionó en la ciudad de Lyon mascarillas fabricadas por una compañía sueca y dirigidas a España. ¡La guerra de las mascarillas ha comenzado!

¿Francia y Estados Unidos dos alas de un mismo pájaro?

Conocidos son los altos costos de los servicios médicos en Estados Unidos. Allá el acceso a los servicios de salud es un lujo, no un derecho humano de rango constitucional. El COVID-19 ha evidenciado la disparidad racial que aún sufre la primera potencia mundial. En el estado de Luisiana un tercio de la población es afroamericana, pero representan un 70% de las víctimas del virus. El mismo patrón se contempla en ciudades como Detroit, Chicago y Milwaukee. 

Por su parte, en Francia existe un sistema de salud universal -nacido justo después de la Segunda Guerra Mundial- muy favorable si se le compara con el estadounidense. Todos los ciudadanos y residentes tienen derecho a la famosa Carte Vitale, una cobertura universal. Sin embargo, en la última década se han eliminado miles de camas de hospitales (más de 16,000 en 6 años) y se han precarizado las profesiones médicas. A modo de aguja en un pajar, el departamento de Seine-Saint-Denis en las afueras de París es uno de los más poblados (1.6 millones), de los más pobres, con el mayor número de enfermedades cardiovasculares, respiratorias, diabetes y menos doctores por habitante. La región de Île-de-France (12.2 millones) que engloba París (2.2 millones) y otros siete departamentos, incluido el de Seine-Saint-Denis, es la más afectada por el virus en toda Francia. 

¿Fue la degradación de la biodiversidad la principal causa por la cual “descubrimos” el virus?

La perturbación de los ecosistemas a través de la deforestación masiva y descontrolada ha ocasionado que seres humanos vivamos en o cerca de áreas que previamente eran ocupadas por flora, fauna y enfermedades desconocidas para el ser humano. Hogares, industrias, caminos y la explotación agraria han suplantado los bosques tropicales, y todos los días empujamos cada vez más y más la frontera. En el 2018 la Organización Mundial de la Salud alertó a las naciones del mundo añadiendo la Enfermedad X a su listado de patógenos infecciosos. Los paralelos entre el COVID-19 y la Enfermedad X son múltiples. ¿Se prepararon los gobiernos del mundo para tal eventualidad? Hoy vivimos las consecuencias de la inacción gubernamental a escala planetaria.  

Respuesta del gobierno francés 

El gobierno francés, como otros gobiernos del mundo, actuó tarde y en un principio minimizó la peligrosidad del virus. A modo de ejemplos: a finales de febrero el presidente francés viajó a Italia, donde se reunió con su homólogo a quien recibió con besos y abrazos, cuando el COVID-19 ya había hecho estragos en China. Para la misma fecha se celebró un partido de fútbol de la Liga de Campeones de la UEFA al cual asistieron miles de fanáticos italianos, quienes cruzaron la frontera alpina para presenciar el evento. El mismísimo ministro de la Salud francés dijo que el partido no representaba ningún riesgo. Sin embargo, de acuerdo a expertos esto aceleró el número de casos en Francia. Es decir, en un principio, como muchos gobiernos, el francés intentó poner cara de “business as usual”. Luego de tres semanas de confinamiento, el gobierno galo finalmente declaró que el uso de mascarillas es recomendable, aunque no obligatorio. Durante todo este tiempo repitieron una y otra vez que no era necesario. Así enviaron a la calle a 100,000 policías y gendarmes sin mascarillas. Resultado: 10% o 10,000 de esos efectivos se encuentran fuera de juego por posible contagio del COVID-19. Algo que se pudo haber evitado, ya que el actual gobierno no renovó la reserva de mascarillas que se almacenaron para la pandemia de la gripe A (H1N1), porque en aquel momento no sucedió el escenario que se había pronosticado. 

¿Cuáles son algunas de las consecuencias del COVID-19 en Francia? 

Desde su llegada al poder el presidente Macron ignoró las llamadas del personal médico, que alertó al gobierno sobre la situación hospitalaria y se movilizó contra su reforma de pensiones. Paradójicamente, ahora ese mismo gobierno le pide un milagro al personal sanitario y al sistema de hospitales públicos. 

Por otra parte, la presión de los trabajadores en la calle no pudo poner en pausa la reforma de pensiones, sino un microorganismo invisible al ojo humano. Hizo falta una pandemia para que el gobierno pospusiera la aprobación de su impopular reforma de pensiones, que ocasionó la huelga más importante de la V República francesa. 

Hace tres meses narraba cómo en plena huelga viajábamos en los buses como sardinas en lata. Hoy día no hay casi buses y los pocos que circulan van prácticamente vacíos. Ahora las calles están desiertas y el aire es más respirable. Desde finales de marzo el 17% de los habitantes de la región parisina se fue a otros departamentos, o hay turistas y todos los monumentos, mercados, museos, restaurantes (abiertos solo para “delivery”) y parques se encuentran cerrados. Se prevé que el shock económico y social de la crisis sanitaria a la economía francesa ocasione la pérdida de 3 puntos de su PIB anual, lo que representa 60 mil millones de euros al mes, y una baja de 18% del consumo familiar. Además, ha empujado a 8 millones de trabajadores al desempleo parcial. Todo esto crea un panorama nunca antes visto en la ciudad de las luces.

¿Luz al final del túnel para la humanidad?

Esta pandemia ha dejado en evidencia la importancia de los trabajos esenciales en la humanidad. Ahora parece fútil pagar miles de millones de euros en dividendos a accionistas principales y CEOs, pagarle millones de dólares a alguien por pegarle a un balón o hacer la guerra. Mientras, a los indispensables, los verdaderos responsables de hacer funcionar la sociedad como la conocemos, se les pagan salarios de miseria. Esta crisis sanitaria tiene que mover a la comunidad internacional a crear un nuevo modelo de desarrollo más equitativo y sostenible. Un modelo en el cual se reconozca la salud como un derecho humano, se revaloricen los salarios de los trabajadores esenciales, se fortalezcan los sistemas de salud y se establezcan nuevos protocolos para la coordinación internacional en casos de pandemias. 

Al entrar en su cuarta semana de confinamiento, un solo día Francia registró una baja en los números de muertes por día, el número de pacientes hospitalizados y en reanimación. Pero estas estadísticas alentadoras se vieron rápidamente marchitas, en parte por el comportamiento temerario de quienes desafiaron el confinamiento y salieron a tomar el sol en estos lindos días de primavera y vacaciones de Pascua. Después de meses de invierno y frío, resulta difícil quedarse en casa ahora que está soleado y las temperaturas mucho más agradables. Todavía el país no ha llegado a la cumbre del número de infectados. Sin embargo, la pregunta que está en boca de todos es, ¿el desconfinamiento pa’ cuándo? 

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