Filipa Godoy Vitorino

Punto de Vista

Por Filipa Godoy Vitorino
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Un Arca de Noé para los microbios

No somos seres humanos. No, exclusivamente… tenemos más genes microbianos en nosotros que los de Homo sapiens. A estas colecciones de microorganismos que viven en simbiosis con nosotros, le llamamos microbioma. Somos entonces supra-organismos (huésped-microbioma) que evolucionamos conjuntamente, y hace más de 10 millones de años los homínidos (primates bípedos en los que se incluyen nuestros ancestros) ya tenían microbios viviendo en sus intestinos.

Los ecosistemas microbianos se desarrollan desde el nacimiento y conforman nichos especializados (epitelios, tracto gastrointestinal y genital) proporcionando la modulación del desarrollo fisiológico, nutricional e inmune. 

A lo largo del tiempo y con los estilos de vida occidentales, la higiene, la urbanización, los medicamentos, la dieta pobre en fibra, nos han hecho perder microbios buenos, lo que está atado a un incremento en enfermedades inflamatorias, metabólicas y auto-imunes.

Estudios comparativos en gradientes de urbanización y entre cazadores-recolectores (que se alimentan de viandas, frutas, caza y pesca), hasta sociedades modernas como la nuestra, demuestran una disminución drástica de la diversidad microbiana intestinal, capaz de fermentar y alimentar nuestros colonocitos y hacernos más saludables.

En este momento histórico en el que se reconoce el microbioma como eje central de la salud humana, un grupo pionero internacional de científicos (al que tengo el honor de pertenecer), estableció el “Microbiota Vault”, una ONG con el objetivo de hacer un “Arca de Noé” para almacenar, replicar y eventualmente restaurar microbiomas humanos, guardando los microbios de culturas indígenas menos impactadas. 

Esta ambiciosa iniciativa está liderada por mis mentores y amigos, los profesores María Gloria Domínguez-Bello y Martin Blaser, ambos de la Universidad de Rutgers en Nueva Jersey, quienes han realizado trabajos pioneros importantes en el campo del microbioma humano.  Establecieron esta iniciativa rodeados no solamente por ecólogos microbianos y expertos en metagenómica, sino también por expertos legales, economistas, epidemiólogos, paleontólogos, parasitólogos, médicos y fisiólogos de toda la geografía global.  

El pasado 11 de junio, se marcó el día en que se hizo público el estudio de viabilidad que recomendó la implementación del Microbiota Vault

Este estudio concluye que los objetivos del Microbiota Vault son válidos y que la iniciativa tiene una gran importancia social en el marco de la cooperación internacional en beneficio de la salud humana.

El estudio sugiere la implementación de una fase piloto para probar infraestructuras técnicas para la preservación permanente de las colecciones de microorganismos, el desarrollo de protocolos comunes, proyectos colaborativos y un importante componente educacional en ecología microbiana. Además, el grupo busca identificar un lugar seguro y adecuado para la construcción del “arca” de almacenamiento, por ejemplo, en Noruega o Suiza, países políticamente neutrales que ya han apoyado el banco gobal de semillas de Svalbard en el Polo Norte. Allí se encuentra el almacén de miles de semillas de cultivos de todo el mundo. El Microbiota Vault busca hacer lo mismo, pero con heces fecales de poblaciones poco impactadas y colecciones de bacterias criopreservadas, lo que permitiría en el futuro la capacidad de hacer terapias de transplantes microbianos para restaurar la salud.

Este esfuerzo humanitario es una carrera contra el tiempo que permitirá salvaguardar la diversidad microbiana y como el Arca de Noé, salvar los microbios beneficiosos de la extinción. 

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