Erika Carrasquillo Meléndez

Punto de vista

Por Erika Carrasquillo Meléndez
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Una situación esperada: la pandemia del COVID-19

Entre los años 1918 y 1920 la “gripe española” (H1N1) dejó una huella de devastación a nivel mundial. Esta pandemia le dio la vuelta al globo en un periodo de cuatro meses. Tiempo en el cual cobró la vida de 50 millones de personas, de las cuales 675,000 fueron en los Estados Unidos. Las secuelas sociales y económicas provocadas por esta pandemia fueron devastadoras, ya que se unieron a las que había ocasionado la Primera Guerra Mundial. 

En aquel entonces, el virus se propagó rápidamente debido al alto tráfico de embarcaciones y movimiento de la milicia alrededor del mundo. El novel virus se presentó en tres ciclos de contagio entre los años 18 y 20, siendo el segundo ciclo el más devastador. En ese momento histórico, el gobierno tomó la decisión de no informar a la población sobre la devastación, muerte y casos reales reportados ocasionados por el contagio del virus. No obstante, el gobierno implementó medidas de prevención. 

Estas fueron notificación obligatoria de casos sospechosos, vigilancia comunitaria, cuarentena y aislamiento mandatorio y distribución de agua y jabón en la comunidad. Además, el gobierno se encargó de disponer de cadáveres y se prohibieron las prácticas culturales relacionadas al proceso de muerte. 

En aquel momento no existían vacunas o antivirales efectivos para el manejo de la enfermedad, así que las medidas preventivas eran la única forma de disminuir la propagación. Los grupos de edad más vulnerables en aquel entonces fueron niños menores de cinco años, adultos entre las edades de 20 a 40 y adultos mayores de 65 años. Otro factor que exacerbó la rápida propagación del virus fue la falta de personal de salud y equipo de protección personal, ya que un gran número de enfermeras y médicos fueron enviados a servir en la guerra. A pesar de esto, los médicos y las enfermeras fueron una pieza clave en el manejo de esta situación de salud. Ellos se encargaron de realizar vigilancia comunitaria, prevención, cuidado a las familias afectadas y manejo de signos y síntomas en escenarios de salud. 

¿Qué aprendimos de la pandemia del 18?  ¿Es el COVID-19 la tormenta perfecta o una situación que se esperaba? Aprendimos que la propagación de enfermedades es rápida debido a la alta incidencia de movimiento de personas a través del mundo y que ocurre en poco tiempo. También aprendimos que deben analizarse las tendencias de la propagación en otras partes del mundo, porque la probabilidad de que se manifieste de la misma manera es alta. Se confirmó que la intervención y manejo comunitario como respuesta clave es de suma importancia, al igual que las medidas preventivas y mantener al pueblo informado con datos reales.

En mi opinión, esta es la tormenta perfecta esperada, ya que la pandemia se ha manifestado de la misma manera que en 1918 a nivel mundial: un virus novel que está causando gran devastación. 

En aquel momento se observaron tres factores que propiciaron la contención temprana del virus: personal de salud, seguridad y sistema; los mismos elementos claves para sobrevivir en esta tormenta. No obstante, es esencial mantener el suficiente personal de salud y brindarles equipo, protección personal, adiestramiento y seguridad emocional y física que incluya manejo de crisis, equipo protector, carga laboral, seguridad de empleo y pruebas de cernimiento. De igual manera que nos preparamos para los huracanes, debemos estar listos para enfrentar la próxima pandemia.  


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