Bárbara I. Abadía-Rexach
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Una universidad sin marcas de carimbo

Mi nombre no estaba en la lista de profesoras y profesores que podían asistir a la última reunión de claustro del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico (UPR). Me añadieron a mano. Me colocaron una pulsera de papel color azul.

Al entrar al teatro, la ujier miró mi muñeca derecha y me indicó que debía subir las escaleras y sentarme arriba junto a colegas que también ocupan el puesto de “equivalente a catedrática/o auxiliar”.

En la planta alta, también, compartiría asientos con las hijas y los hijos de profesoras y profesores del Recinto. Una ujier se encargaría de cuidarles.

Mis colegas de pulseras azules comentaban su malestar, y describían aquella escena como un ejemplo de segregación. “¿Cómo es posible que nos tengan acá arriba?”, expresaban con incredulidad.

No solo se nos recalcaba que no tenemos voz ni voto; tampoco, merecíamos sentarnos con el claustro.

Tras la petición de un par de compañeros –a quienes agradezco su gesta-, nos dieron la instrucción de movernos a la planta baja y sentarnos entre la facultad.

Ese grupo de profesoras y profesores exhibían pulseras de color naranja y tenían un par de tarjetas que leían: “A Favor” y “En Contra”.

Si hubiese sabido cómo transcurriría aquella reunión del claustro, me hubiese ofrecido voluntariamente a cuidar la prole de mis colegas.

El arduo trabajo que realizamos las/os contratistas con pulserita azul es la misma labor que suponemos realiza el profesorado de pulserita naranja.

Cuando mis estudiantes me envían correos electrónicos para anunciarme las buenas nuevas de internados, becas y admisiones a programas graduados, me interceptan en los pasillos y me visitan durante mis horas de oficina para alargar los debates surgidos en el salón de clase o me piden que sea su mentora académica, confirmo que su respeto, reconocimiento y agradecimiento no se fijan en mi contrato por término.

La lucha que debe librar la UPR no debe darles cabida a las exclusiones.

Comunidad universitaria toda, a luchar por una Universidad pública, inclusiva y de calidad en la que no hayan marcas de carimbo.

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