Mayra Montero

Antes que llegue el lunes

Por Mayra Montero
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¿Un Banco Nacional de Puerto Rico?

La inmediatez, que es la manía de no mirar más allá de las narices, es también síntoma de inconsistencia. De esa incapacidad para relacionar las cosas.

El Senado en pleno ha corrido a aprobar una resolución para que Hacienda no desembolse los fondos asignados a la operación de la Junta de Control Fiscal. Los legisladores han estallado de júbilo, porque, después de todo, por primera vez han estado de acuerdo en una cosa, unánimemente, sin ninguna fisura.

Al Presidente de la Cámara, Johnny Méndez, le corresponde ahora exhortar a sus huestes para que hagan lo propio en ese cuerpo, y luego, al Gobernador le tocará avalar con su firma la medida. Por lo pronto, me parece que ha dicho que no la firmará. No nos gobierna un ser, sino un ramillete de contradicciones.

Hemos estado oyendo una semana entera, por distintas voces, el mismo discurso que desafía al Congreso y al Gobierno de los Estados Unidos.

Eso está bien. Magnífico. Probablemente este haya sido el momento de la historia en que con más fervor ha brillado la vocación de independencia o de repudio al Norte, en una tesitura más o menos colectiva. Sin embargo, ¿por qué nadie quiere reconocer que, a menos que se hable claro y se anticipen los sacrificios y la austeridad, esa vocación de soberanía se esfumará tan pronto haya que enfrentar la esencialidad de la definición?

Hace tiempo resumí en este espacio lo que habría de ser el “tracto” de los acontecimientos si Puerto Rico no se acogía a la protección de la Ley de Quiebras. En efecto, los acreedores desbordarían los tribunales, y los tribunales a su vez tramitarían demandas y nombrarían a síndicos con la misión de despachar, una por una las reclamaciones, repartiendo todo lo que es vendible o liquidable en estas tierras.

¿Se podría evitar eso? Claro que sí, se puede evitar de una sola manera: desconociendo a los tribunales. Ignorándolos. Retándolos. Si posible, cerrándolos.

¿Se puede hacer algo así?

Se puede.

Y entonces, ¿qué sería lo próximo?

Pues lo próximo, lo obligado, sería nacionalizar la banca, ya que ni una sola de las instituciones bancarias del país, ni una, se pondría de parte del Gobierno de la Isla en esa coyuntura.

En otras palabras: si los bancos forman parte de un sistema, no digamos ya global, sino simplemente federal, donde los reglamentos que prevalecen son los de la banca americana (que además garantizan los depósitos), no hay forma de que vayan a desobedecer las órdenes de Washington.

¿Se ha hecho un análisis de ese particular por el Gobierno, o por los grupos de oposición que presumen de ser tan cerebrales? Qué va, todo lo contrario: lanzan una cortina de humo donde el sendero se corta abruptamente, de manera soez: la deuda se manda “pa buen sitio”.

Desde algunos sectores, incluso, alzan la voz para decir que a Puerto Rico los Estados Unidos tendrían que recompensarlo por los años de coloniaje.

Sin embargo, saben perfectamente que nadie recompensará por nada. Miren a Vietnam, ¿cuánto habría que pagarle a Vietnam? Miren a Cuba, cuyos dirigentes van anotando en una libretita la relación de las pérdidas de casi sesenta años de bloqueo, más el costo del uso de la Base Naval de Guantánamo. Miren a Irak. A la República Dominicana. A tantos otros que tendrían el mismo derecho a exigir, como la Guatemala de Jacobo Arbenz, o El Salvador, o la Honduras de los años ochenta. Decir que habría una “compensación” es engañar al país. Es desconocer la historia, los movimientos geopolíticos, las guerras.

Por supuesto que, llegados al extremo que mencionaba antes, la Isla no sería la primera en la historia en estatizar o intervenir la banca. Para bien o para mal, no hay otro modo de controlar la economía. Se intentó hacer en Chile en el 70. En Nicaragua en el 79. En el Perú de Alan García, allá por el 85. Por no hablar de lo de Cuba: a marronazos destrozaron la fachada del Citibank.

A la gente no se le ha explicado eso. No los alertan de las consecuencias y los sacrificios, que no es infundir miedo, es conectarlos con la realidad. En todos esos países que mencioné, salieron sus gobernantes por radio o por televisión y anticiparon detalles contundentes a los ciudadanos. Era una guerra avisada. Se destarraron unos, y otros salieron adelante. Pero todos pasaron muchísimo trabajo.

No hay manera de controlar la economía, de plantarse frente a los dictámenes de cualquier imperio, si no se controlan los instrumentos propios de negociación, intercambio y riqueza. No lo digo yo, imagínense quién lo dijo.

Por lo demás, lo del Senado es un aguaje derivado de su miedo y sus personalismos. Han tirado esa resolución porque saben que están en camino de perder, no el poder económico de repartir prebendas, barriles de tocino y otros encargos, sino también el poder político. Se han quedado en blanco y se lo juegan todo.

Privados de esa influencia que tienen sobre alcaldes, jefes de agencia y ciudadanos de a pie, se revuelven y se lanzan a cruzadas absurdas.

Vienen dos semanas voraces. Agarrarse bien.

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