Nicolás Ramos Gandía

Tribuna Invitada

Por Nicolás Ramos Gandía
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Un cisne negro electoral

Un evento “Black Swan” (Cisne Negro) es la metáfora elaborada por el pensador  Nassim Nicholas Taleb para explicar un suceso que está fuera del ámbito de las expectativas normales de la ciencia, la economía y otras ramas del saber.  Es más, se entiende que son eventos altamente improbables e impredecibles y que acarrean un impacto masivo en el contexto que ocurre.     

El vaticinar los resultados de las elecciones en los países que se llevan a cabo democráticamente es siempre un asunto de interés público.  Las encuestas han sido el método por excelencia para realizar ese augurio del comportamiento de los partidos políticos y se han erigido como el oráculo del porvenir eleccionario.  Sin embargo, estas siempre están sujetas al margen de error y, si existen, a los sesgos inducidos en la selección de la muestra.  Esos dos aspectos son parte de la explicación por la cual lo pronosticado en un momento dado se ha ido apique el día de las elecciones.  De ninguna manera eso quiere decir que las encuestas deben ser ignoradas o descartadas sin reflexión, lo cual implicaría, en el primer caso, insensatez y en el segundo fanatismo.     

Otro mecanismo que se ha utilizado en nuestro país son los llamados simulacros electorales que no contemplan los elementos científicos que se requieren en una encuesta.  Estos están cargados de incertidumbre en términos de la representatividad de los participantes en relación a los electores inscritos.  Además, los resultados pueden ser influidos asimétricamente por la capacidad de movilización electoral (esto es, a lo sumo, lo que miden) que tenga un partido o el otro.  Y para colmar la copa por ahí andan las pitonisas con sus supercherías abonando a la irracionalidad.     

En Puerto Rico se ha votado por el gobernador desde 1948 y en 1968 se quebró la hegemonía del partido único. El bipartidismo ha sido el carácter de nuestro proceso electoral en las últimas doce elecciones pues cada partido principal ha logrado el triunfo en seis de ellas.     

Desde 1968, el promedio en la tasa de participación electoral ha sido de 82%, en 1984 se dio la tasa de participación más alta, un 88%, y de esa elección en adelante la misma ha disminuido hasta 78% en las pasadas elecciones.  Si calculamos la tasa de participación electoral a base de la población anual estimada por la oficina del Censo federal desde las elecciones de 1980, encontramos que su valor se encuentra entre el 50% y 53%. 

Por otro lado, en las últimas once elecciones los dos partidos principales han acaparado al menos 92% de los votos emitidos y los demás partidos en conjunto nunca han alcanzado el 8% de los votos.     

Debido a la determinación del Tribunal Federal en San Juan sobre la exclusión de las listas electorales de las personas que no participaron en las elecciones generales de 2008 y 2012, se infló significativamente el registro electoral de este año hasta llevarlo a 2, 857,901 electores.  Ese dato es totalmente contrario a la merma poblacional que ha experimentado el País en los últimos ocho años, por lo cual no es un número conveniente para estimar la participación electoral en este año.     

Si utilizamos la tasa de participación electoral a base de la población estimada para este año se deben emitir alrededor de 1, 750,000 votos.  La última encuesta de este periódico reflejó que los dos candidatos independientes lograrían el 22% de los votos lo que equivaldría aproximadamente a 385,000 votos, lo que podríamos llamar un posible cisne negro electoral.  

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