Juan Lara

Tribuna Invitada

Por Juan Lara
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Un diálogo franco sobre la UPR

El pasado viernes 21 de diciembre, los profesores de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras, entregamos las notas finales y se cerró el primer semestre del año académico en curso.  Fue un semestre productivo y sin sobresaltos, a pesar de la nube de incertidumbre que pesa sobre la Universidad.

Ese mismo viernes nos enteramos de que la exhibición en la Isla del musical Hamilton no se celebrará en el Teatro de la UPR, como se había previsto, por temor a que la producción sea interrumpida por protestas de empleados y estudiantes contra las medidas del plan fiscal que se quiere implantar en la institución.  Fue una triste manera de cerrar el semestre.

Aunque las organizaciones sindicales y estudiantiles que proponen movilizarse contra el plan fiscal de la UPR y la Junta de Supervisión Fiscal no tengan la intención de interferir con la puesta en escena de Hamilton en el centro mismo del recinto riopiedrense, los productores del espectáculo decidieron no correrse el riesgo de quedar como “daño colateral” en una posible campaña de protestas.

Lo más lamentable de la cancelación de este evento es que pone distancia entre la Universidad y el país cuando más falta hace un acercamiento y un diálogo franco entre ambos.  Muchos puertorriqueños se sienten orgullosos del logro que representa la creación de la obra Hamilton por un joven de la diáspora boricua, y ven su puesta en escena en la isla como un símbolo de la solidaridad de la diáspora con la crisis que se vive en el país, exacerbada por el huracán María.  El que se pueda percibir a la Universidad—aunque no sea cierto—como un ambiente inseguro para lo que debería ser un evento de afirmación en medio de la crisis, no ayuda a los que quieren defender a la institución frente a sus detractores.

En la comunidad universitaria hay mucha incertidumbre, confusión y malestar por la forma en que se está redefiniendo el futuro de la institución.  Los estudiantes, profesores y empleados en diversas funciones de apoyo a la docencia y la investigación, tienen la certeza de que se están haciendo planes para cambiar de manera radical las condiciones de estudio, investigación y trabajo en los diferentes recintos de la UPR, pero tienen también la certeza de que se les excluye deliberadamente de participar en ese proceso.  Prevalece la sensación de que estas decisiones se están tomando en cuartos oscuros por personas ajenas a la comunidad universitaria.

Mientras tanto, hay mucha preocupación legítima por la seguridad de empleo, los beneficios del plan médico, la viabilidad de las pensiones, y, entre los estudiantes, el costo futuro de la educación universitaria.  Nunca antes se habían puesto tantas cosas tan importantes sobre el tapete a la misma vez, y con tan poca información.

Con el comienzo del año 2019, y el inicio del nuevo semestre, se empezarán a develar las propuestas concretas sobre estos y otros temas críticos.  Habrá que ver si queda espacio para un diálogo franco sobre la UPR que le dé paso al cambio necesario, e inevitable, sin perder de vista el valor de la institución para el país.

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