Sandra Villerrael

Tribuna Invitada

Por Sandra Villerrael
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Un drone en la tormenta

Lo sospechaba, pero estar sin servicio de datos celulares me obliga a reconocer que desespera.

Me siento desconectada. Subo un drone para ver en directo las tareas post huracán. Desde arriba no entorpezco a quienes madrugaron para trabajar en la emergencia.

Tomo una panorámica con este aparato que es mágico porque rompe la barrera del tiempo. Me veo, horas antes, ignorar lo de los vientos destructivos. Corro a comprar una planta eléctrica. Así, si la casa queda en pie, veré la tele en aire acondicionado. Qué loco aquel científico que dijo que acostumbrarme al clima artificial disminuye mi capacidad de adaptarme al calentamiento global y me hace frágil.

Mi drone enfoca en la fila de la megatienda cuando pregunto por qué esperan. Dijeron que se acabaron las plantas pero que tal vez traerían más. Par de horas después, no llegaron.

Igual, pasé el huracán protegida y cómoda, con vecinos. Comimos y tomamos chocolate calentado en una estufa de acampar pendientes a la radio.

Nos salvamos. El huracán se alejó. Dios nos escuchó, aunque barrió con las islas vecinas. Me apena, pero sé que a nosotros nos oyó porque oramos con fervor.

Ahora oro por que la luz llegue pronto. Sobre todo, por los datos celulares. Espero por nuestro otro proveedor que habita en el norte. Nos prometió millones y es un alivio. Pronto regresaré a mi rutina de buena gente que no se mete con nadie mientras nadie se meta conmigo. Hablan de darle refugio a algunos de los pobres isleños vecinos. A ver cómo va la cosa porque no compartimos cultura ni idioma.

Me percato que mi drone tiene inteligencia artificial. Sin presionar comandos, ahora sube más y me enfoca. Me miro en la tablet. Veo lo cerca que está esa gente en sus islas. Y la devastación.

Ahora proyecta dos imágenes, dimensiones paralelas del futuro. En una, regreso a mi rutina de informarme y comentar desde el mundo digital. En las islas hay desconsuelo. Llegan voluntarios. Traen a algunos a refugios. Siento miedo, incomodidad. Confío en que no se queden, que les mantengan el ojo encima. Acá tenemos nuestra propia crisis que la Junta resolverá. Me inquieta.

En la otra dimensión del futuro que proyecta mi drone, algo en mí despertó. Me veo con más nitidez y en paz. Celebro otra oportunidad de salir ilesa. Sin luz, pero con vida y hogar. Sé algo que no reconocía antes. Mis dones, mis talentos, son para dar, para sembrar y compartir frutos que nutran un futuro armonioso y próspero.

En esa dimensión más brillante siento gracia y dolor. Celebro que co-creo un mundo que no se parece a lo que conocemos. Y siento en el pecho la angustia de quienes perdieron todo. Percibo algo sereno que nos vincula. Veo a esos hermanos caribeños y me reconozco en sus ojos, aunque su piel tiene otro tono y hablan distinto. Ya no espero por el norte. Muy dentro sé que está a punto de nacer algo, aquí, ahora, al lado de quienesconozco y de quienes estoy por conocer. Palpita. En paz, bajo defensas y abro mente, corazón y voluntad. También ellos. Lo que nace es distinto del pasado porque no surgió de allí. Esperaba por nosotros, por este instante, anhelante. Brotará del junte, del querer y del hacer codo a codo hasta lograrlo.

El drone sube más ahora. Muestra un Caribe entrelazado, abrazado a otras regiones en el mismo parto. Alumbra una comunidad global, diversa, radiante.

La máquina apagó su señal. Agarro el celular. Sigue sin servicio. Pero ya no lo espero. Saldré a mi campo de acción a conectar para crear.

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