Nicolás Ramos Gandía

Tribuna Invitada

Por Nicolás Ramos Gandía
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Un elefante se ha sentado en la sala de Puerto Rico

¿Qué es lo mejor para Puerto Rico?; ¿Que la realidad nos defina o que nos definamos a base de la realidad?  El proceso de quiebra de PROMESA es un elefante sentado en el medio de la sala.  Y no se va a salir de ahí en el futuro inmediato, aunque supliquemos o rompamos los cristales.

El Departamento de Educación cuenta con un presupuesto consolidado de 2,800 millones de dólares y 57,000 empleados (Oficina de Gerencia y Presupuesto), de ellos 22,000 son maestros, 380,000 estudiantes y 1,440 escuelas (Informe Perfil Escolar del departamento 2016-2017).  Tenemos entonces los estimados siguientes: 264 estudiantes por escuela, 17 estudiantes por maestro, casi dos empleados en funciones administrativas por cada maestro, invertimos $7,400 por estudiante y casi dos millones de dólares por escuela. 

¿Podemos operar el Departamento de Educación con 500 escuelas de 760 estudiantes o 700 escuelas de 475 estudiantes?  ¿Se habrán planteado una pregunta con esas dimensiones nuestros gobernantes del presente? Aparentemente no. 

¿Ahora bien, cómo se llega a esa meta de 500 o 700 escuelas, incorporando en la ecuación, sin ser exhaustivo, elementos como los siguientes: la distancia óptima entre las escuelas de un mismo municipio o municipios aledaños, condiciones de la infraestructura, perfil del cuerpo magisterial y desempeño de los estudiantes en las pruebas puertorriqueñas?

En fin, recurrir a la logística y las matemáticas como método de análisis y toma de decisiones.  Se tiene que construir y publicar un modelo de decisiones proporcionado. Y, claro está, los remilgos y palabrejas altisonantes no son parte de la ecuación.  Cómo estos cambios garantizarán un mejor sistema educativo se preguntarán algunos. Eso no tiene garantía, pero no parece difícil dado el desempeño actual en las diferentes pruebas estandarizadas que toman los estudiantes.

Recientemente, un amigo me comentaba que su clase graduanda de cuarto año, hace más de 35 años, fue de 400 estudiantes.  A mediados de la década de 1960 existían municipios sin escuela superior y sus jóvenes tenían que viajar a pueblos vecinos para terminar su escuela superior.  Y el mundo, ¿siguió con su rotación diaria? Pues claro que sí.  Dejemos atrás la pretensión de que las escuelas estén en el patio de mi casa.

La quiebra también viene acompañada por esta cuestión: ¿para qué necesitamos la estructura gubernamental y presupuestaria de 78 municipios, si un domingo cualquiera le damos la vuelta a la Isla chinchorreando?  Entonces, ¿cuántos municipios consolidar?  Pues los 78 municipios en los ocho distritos senatoriales existentes creados en la Constitución de 1952.  Sepan que nuestra Constitución establece, en una parte de la Sección 4 del Artículo 3, lo siguiente respecto a la configuración de los distritos: “los cualesestarán compuestos de territorios contiguos y compactos y se organizarán, hasta donde sea posible, sobre la base de población y medios de comunicación”.   Ahí está la clave, tienen que ser contiguos y compactos en términos de cercanía y proporcionales en términos de la cantidad de habitantes.

A la sazón, que el Gobierno aplique la Sección 1 del Artículo 7 sobre disposiciones generales de la Constitución: “La Asamblea Legislativa tendrá facultad para crear, suprimir, consolidar y reorganizar municipios, modificar sus límites territoriales y determinar lo relativo a su régimen y función;”.  Y que no vengan con la fábula del servicio directo al ciudadano, ya que si lo miramos así entonces sería mejor que cada barrio fuera un municipio.

La actitud de procrastinar es algo que debemos eliminar de nuestro ADN como País.  Postergar las acciones que tenemos que llevar a cabo ahora no contribuye a sacar al elefante de la sala pues, a la larga, tendremos que tomarlas o seremos un hazmerreir.  Y el elefante ¿dónde estará?  En la sala todavía.

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