Antonio Quiñones Calderón

Tribuna Invitada

Por Antonio Quiñones Calderón
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Un Estados Unidos en tensión

Nunca antes en su historia, excluida la presidencia de Abraham Lincoln durante el sangriento período de la Guerra de Secesión en los 1860, Estados Unidos recibe su 45vo. presidente insertado en una profunda tensión y una división de consecuencias inimaginables.

Tales consecuencias, nefastas todas, podrían ser irreversibles si se deja llevar uno por el tipo de campaña que desarrolló el ahora presidente Donald Trump, hasta hace poco un rico empresario y hombre de farándula. Fue la suya una campaña regida por la confrontación, inclusive al interior de su partido –que finalmente tuvo que echárselo encima–; por la afirmación de políticas públicas erradas, aderezadas con evidentes incongruencias e improvisación resultado de su desconocimiento de los temas medulares que deberá atender desde la Casa Blanca; la improvisación; la alimentación del odio hacia las minorías y la intolerancia a la idea ajena a la suya. Agréguese a tan sensible lista su inexperiencia en el complicado escenario de la diplomacia internacional.

Lo anterior, y su estrafalario discurso –que en la mayor parte de las ocasiones contenía serias incongruencias a veces en una misma parrafada–, producto de su absoluta falta de experiencia legislativa y ejecutiva y su carencia de profundidad intelectual, de no hallar sustituto durante los siguientes años, podría derivar en daños profundos no sólo a Estados Unidos sino al mundo entero, por el papel que con tanta preponderancia desempeña la nación estadounidense en la diplomacia, el comercio, la investigación científica y la milicia.   

Aunque es difícil predecir con qué cosa sorprenderá Trump a los estadounidenses y al mundo –precisamente por sus mensajes a veces inentendibles–, la bien enterada publicación Político de la capital federal dice tener información de que sus primeras acciones serán pedir al Congreso la formal e inmediata derogación de la reforma de salud del presidente Obama –que para los ciudadanos estadounidenses residentes en el territorio de Puerto Rico será de graves consecuencias sociales y económicas–, y comenzar la construcción del muro en la frontera entre Estados Unidos y México. Así, la tensión se agrava con el dictamen presidencial de alejamiento de su importante vecino. Sin lugar a dudas, los mexicanos encontrarán motivos más que suficientes para relanzar su grito: “tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”.

Para los puertorriqueños en particular, y para los hispanos en general, el cuatrienio de Donald Trump al tope de la nación estadounidense podría representar un retroceso en aspectos fundamentales, incluyendo en la influencia que estos han tenido por años en el Ejecutivo e inclusive en lo Judicial. Por primera ocasión desde 1988 –cuando la presencia hispana no era de la importancia social y política de ahora–, una administración estadounidense no tendrá un solo hispano en el gabinete del presidente. (En sus ochoaños en laCasa Blanca, el presidente Obama reclutó media docena de hispanos para ocupar puestos relevantes en su administración. En el caso de los puertorriqueños, nombró una de nuestras juristas, Sonia Sotomayor, para ocupar una de las bancas en el más alto tribunal de nuestra nación). 

Ese terrible dato podría considerarse una de las adversas consecuencias para una población que constituye la primera minoría de Estados Unidos –que día tras día aumenta en números y aportaciones a la nación.

Desde luego que, con Donald Trump, todo es impredecible, por lo que alguien podría andar por ahí pidiendo “una oportunidad” al nuevo comandante en jefe de la nación. Suerte a quienes pidan esa oportunidad. Por mi parte, recuerdo en estos momentos el viejo adagio que dice: “árbol que nace torcido jamás su tronco endereza”.

Por lo demás, creo que es el profesor emérito de la Universidad de Columbia, Robert Paxton, quien más ha atinado al describir qué conciudadano tendrá la nación estadounidense en su dirección por los siguientes cuatro años. Ha dicho Paxton: “Con Trump tenemos una especie de cuasifascismo populista, o protofascismo, más que un fascismo del todo desarrollado… Creo que Donald Trump ya ha dañado el sistema democrático de Estados Unidos. Ha empeorado algunas tendencias, como la transformación de la elección a presidente en una rama del entretenimiento. Ha degradado el lenguaje de la política con epítetos e insultos. Ha alentado la expresión de opiniones racistas y xenófobas. Lo que viene ahora, después de la inauguración, sólo podemos imaginarlo, porque no sabemos aún qué declaraciones de Trump no significan nada y cuáles revelan prioridades sobre su futuro. Un área de peligro particular es la prensa. Trump es un hombre vengativo, y es muy posible que use el poder de la presidencia para dañar a los periodistas que lo critiquen”.

Amén.

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