Mayra Vélez Serrano

Tribuna Invitada

Por Mayra Vélez Serrano
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Un gobierno de minoría en Puerto Rico

Winners-take-all” (los ganadores se lo llevan todo) es la descripción que se le da a los sistemas electorales en los que un partido puede ganar la silla del ejecutivo y la mayoría de la legislatura, sin haber obtenido la mayoría del voto. Es un sistema que se conoce por ser unos de los más antidemocráticos del mundo. Entre las razones vale presentar dos. Primero, tienden a crear sistemas políticos bipartidistas. Lo que implica que aquellas preferencias del pueblo que no encajan dentro de estos dos partidos están, de facto, sin representación en el gobierno. Segundo, que es susceptible a la creación de gobiernos de minoría. 

Un gobierno de minoría es aquel que, no habiendo obtenido la mayoría del voto (más del 50%) toma el poder. En las elecciones pasadas, el renunciante gobernador Ricardo Rosselló obtuvo casi un 42% del voto. Es decir, 68% de los que votaron, lo hicieron en contra de Rosselló. Ahora, las pasadas elecciones también se caracterizaron por la histórica baja de participación electoral. Muchas personas, desencantadas con la situación política, se quedaron en sus casas. En 2016 había 2.8 millones de personas inscritas, de las cuales, la mitad salió a votar. Con esto en mente, Rosselló realmente obtuvo 23% del voto de todas las personas que estaban inscritas para votar, es decir 77% de los boricuas no votaron por él.

En Puerto Rico tenemos un gobierno de minoría que, no solamente se llevó todos los puestos importantes, es que ha gobernado poniendo a los suyos a enriquecerse del dinero público. “Winners-take-all” no es solo un sistema electoral; es un sistema de corrupción que arrasa con cada espacio público, que se cuela en cualquier sitio que haya dinero para repartir. Este es un sistema en el que un puñado se puede llevar todo, incluso el dinero de la educación de nuestros niños, el dinero de los techos aún azulados, y la salud física y mental de aquellos que vieron a su gobierno hacer relaciones públicas y en privado burlarse de ellos. 

No es de sorprender que las pasadas protestas masivas y continuas sean un repudio a un sistema electoral inherentemente antidemocrático que ha dado pie a las malas mañas institucionalizadas de unos partidos que aún no logran sacudirse de las muy bien acomodadas y bastante comunes “manzanas podridas”. 

El pueblo está cansado de que una minoría actúe como una mayoría omnipotente, prepotente, e impune. Luego de dos años de puro embate y sufrimiento, el pueblo aún está de pie. El gran error de este gobierno de minoría será creer que sus negociaciones internas y su retórica fiscalizadora proforma, acallará los reclamos de la una clara mayoría. Igualmente, es un acto de pura ilusión, ingenuidad, y hasta locura, por parte de Rosselló, pensar que en algún momento podría contar con el respaldo y confianza del pueblo, o el de su partido.

El gobierno de pocos, se convirtió el gobierno de uno.

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