Juan Antonio Ramos

Lo que tengo que decir

Por Juan Antonio Ramos
💬 0

¿Un ideal descolonizador?

El liderato estadista en la isla se empeña en asegurarnos que la estadidad es una herramienta descolonizadora. Hay quienes llegan al extremo de decir que el éxodo masivo de puertorriqueños hacia los Estados Unidos en los años recientes, es un modo de descolonizar a Puerto Rico.

He dicho antes, y lo repito ahora, que la anexión de Puerto Rico a la metrópoli representa la culminación del proceso colonizador padecido por este pueblo, a partir de la invasión yanqui en 1898. En aquella ocasión dije que la asimilación a los Estados Unidos significa que Puerto Rico se ha graduado como colonia. Asimismo señalé que la estadidad es una especie de suicidio en términos culturales, es el final de lo que hemos sido como nación, como pueblo. “Puerto Rico se disolvería en el descomunal ‘melting pot’ norteamericano, como se disuelve una pastilla de ‘Alka Seltzer’ en un vaso de agua”.

Sucede que la frase “descolonizar a través de nuestro ideal”, suena bien, es inspiradora y nos llega hasta lo más profundo del espíritu. Tiene sabor a trascendencia, a cosa grande, medio epicona y cachendosa. En mis tiempos de estudiante en la Iupi yo no escuchaba a ningún líder estadista hablar de “dar fin a la colonia a través de nuestro ideal”. Eso se lo oía decir a los independentistas. Pero a los “mercaderes del templo” les gustó esa musiquita y se la apropiaron.

Debemos admitir que “asimilación”, “disolución”, “entreguismo” y “sometimiento” no son expresiones muy agraciadas. Tampoco son las más apropiadas para enamorar a las masas. No. “Exigir nuestros derechos como ciudadanos americanos” sí que impresiona y pone a temblar al más bravo.

Pero nosotros sabemos que la ciudadanía trililí que nos permite ir a los Estados Unidos y regresar a la isla cuantas veces queramos, no nos hace iguales a los ciudadanos del “Norte revuelto y brutal que nos desprecia”, como diría José Martí.

El año pasado se exhibió en los cines Selma, una extraordinaria película basada en la multitudinaria marcha dirigida por Martin Luther King en Alabama, para exigir el derecho al sufragio que les asiste a los ciudadanos americanos negros. Mucha sangre se derramó para hacer valer ese derecho. A pesar de ésa y otras conquistas, los activistas afroamericanos no han logrado extirpar el cáncer del racismo en esa nación.

La igualdad la observamos en los documentos oficiales, pero en la calle, en el día a día las cosas son diferentes. Mientras los cinéfilos aclamaban la excelencia y el drama conmovedor contenidos en Selma, en distintas ciudades de Estados Unidos estallaban disturbios a consecuencia del abuso perpetrado por policías blancos contra ciudadanos negros desarmados. Las ciudades de Ferguson y Baltimore fueron escenarios de estos trágicos sucesos.

Por otra parte, la película Selma fue ignorada por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas a la hora de repartir las nominaciones al Óscar. Sólo el tema musical de la misma fue reconocido. Como si fuera poco, ninguna actriz o actor negro recibió una nominación al codiciado premio. Situación que se repitió este año, lo cual motivó que se declarase un boicot para la noche de las premiaciones. La Academia se ha visto obligada a tomar medidas urgentes que garanticen la diversidad en este tipo de evento.

No a la exclusión. Y si de exclusión se trata, quién mejor que Donald Trump para darnos el botón de muestra. Él es el aliado idóneo de los que aspiran a formar parte de la “gran nación igualitaria”. Donald y su comité de recibimiento reconocerán nuestros derechos como buenos ciudadanos americanos. Sí señor. Nosotros no somos como ellos ni lo seremos. Yo he vivido en “USA” en tres etapas de mi vida y puedo atestiguarlo. Todos sabemos el lugar que ocupa el boricua en esa sociedad. Somos los narcos, las sirvientas y las prostitutas de las películas.

Los americanos no nos quieren, no nos respetan. ¿Saben por qué? Porque los puertorriqueños no nos respetamos. ¿Por qué queremos unirnos a alguien que nos desprecia? ¿Por qué nos queremos parecer a la persona que controla nuestra libertad, nos engaña y decide por nosotros? ¿No es una manera de despreciarnos a nosotros mismos, de considerarnos inferiores, de reconocer que carecemos de valor, de dignidad? ¿Qué rayos ha pasado con nuestra autoestima? Sí que ha calado hondo en nuestra psique este asunto de la colonia. ¿Es la estadidad un ideal?

Mi profesora de español básico nos decía que el verdadero ideal es aquél que puede ser expresado a través de un verso, de un buen poema. Es consustancial a la poesía. ¿La estadidad puede ser traducida en versos? ¿Alguien conoce algún poema inspirado en la estadidad?

Este es un pueblo que ha perdido el alma. El materialismo desmedido, el consumismo desbocado lo han convertido en un pueblo cínico e insensible. Es posible que nos hayamos desintegrado antes de habernos expuesto al “melting pot”.

Cuando yo era muchacho tuve una agria discusión política con mi primo Alfredo. Recuerdo que para callarme la boca me gritó: “¡Pa’ mí patria es tener un buen bistec en mi plato!” Ese “verso” lo resume todo.

Otras columnas de Juan Antonio Ramos

sábado, 28 de julio de 2018

“Tití Harvard”

El escritor Juan Antonio Ramos declara que "en el Puerto Rico actual, montones de boricuas soñamos con convertirnos en una copia fiel y exacta del amo del Norte"

sábado, 23 de junio de 2018

“#Me Too” y los chicos malos

Juan Antonio Ramos argumenta sobre el riesgo del fanatismo que desemboca en cacería de brujas contra artistas y otras figuras públicas ante alegaciones de prácticas de abuso sexual u otras violaciones pues se fomenta una especie de macartismo que crea listas negras de personas famosas ante la mínima sospecha

💬Ver 0 comentarios