Luis G. Rivera Marín

Tribuna invitada

Por Luis G. Rivera Marín
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Unidos somos más

En una de sus definiciones, la palabra “orgullo” nos dice: “Sentimiento de satisfacción hacia algo propio o cercano a uno, que se considera meritorio”.

Hace pocos días, hemos recibido el impacto en Puerto Rico y toda la zona del Caribe del huracán más grande de la historia: Irma, nombre que ha remplazado en el listado del 2017 a la mortal Irene (de paso en el 2011). Irma está siendo motivo de estudio. No sólo ha sido uno, o el más grande en formación, sino que muchos expertos ya hablan de huracanes que exceden la categorización del 1 al 5. Otros dicen, según su experiencia, que esa clase de huracanes es una respuesta de la naturaleza, tan maltratada por el hombre, para enfriar la temperatura del planeta. 

Ante la reacción de la Madre Naturaleza para autoequilibrarse, no hay nada que el hombre puede hacer, salvo y fundamentalmente, no seguir lastimando el único hogar que nos alberga a todos: nuestra Tierra. En lo que respecta a quienes tenemos la responsabilidad de ocupar cargos públicos, urge estar prevenidos y preparados para dar respuestas en forma inmediata a los ciudadanos.

Puerto Rico, en el liderazgo de su gobernador Ricardo Rosselló, ha dado muestras cabales de que con responsabilidad y trabajo en equipo es posible salvar vidas.

Los colores de pertenencia, las identificaciones con los ideales de los respectivos líderes y las preferencias personales son todas respetables e importantes para la sociedad, pero aún más lo son cuando todos ellos se funden en un común denominador: salvar vidas. No hay propósito más noble que una vida a salvo y esto es motivo de orgullo.

Trabajar y construir en pos del bien de Puerto Rico es la razón por la cual nos levantamos todas las mañanas. Este propósito ha excedido los límites de nuestra Isla, trasladándose al gran círculo regional que, en este caso, es conformado por nuestros hermanos del Caribe y nuestros hermanos en Estados Unidos continental.

Puerto Rico, sus hombres y mujeres, han dado muestra, una vez más, de que la solidaridad forma parte del “ser boricua”.  El ser humano de estas tierras tiene una característica principal, y ésta es, precisamente, su sentido altruista de humanidad. 

Nuestros padres y abuelos estarían orgullosos, como buenos boricuas, del comportamiento de esta generación, quienes cosecharon la semilla que ellos han plantado. Hoy, en honor a ellos, los invito con total humildad a seguir este camino, sembrando valores de fortaleza e integridad para nuestros hijos y los hijos de sus hijos. 

Que Dios bendiga y siga iluminando nuestro “orgullo boricua” y al fruto de su tierra. Unidos podemos, unidos somos más.

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