José Caraballo Cueto

Punto de vista

Por José Caraballo Cueto
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Universidad de Puerto Rico: otros mitos y realidades

Desde mi última columna “UPR: mitos y realidades” (abril 2017) han surgido otros mitos. “Hay menos recaudos, por eso había que recortarle a la UPR”- falso. Los recaudos están creciendo gracias a la reconstrucción. La Ley 2 de 1966 destinaba el 9.6% del promedio del presupuesto gubernamental a la UPR para ajustar proporcionalmente las remesas en caso de reducciones en los recaudos. De haber aplicado esa ley, la UPR hubiese recibido este año fiscal $872 millones en remesas, más que los $800 millones que propone el congresista Grijalva. Parecería que los recortes a la UPR se fundamentan más en ideologías que en realidades fiscales.

“Recortes traen eficiencia”- falso. Si hay dos empleados para hacer 10 procesos redundantes, despedir a uno y seguir con los mismos 10 procesos solo aumenta la ineficiencia. El primer paso es hacer una reingeniería que minimice los procesos y así reduzca los materiales y horas de trabajo requeridas, generando economías. El trabajo fácil, el que le gusta a la Junta de Control Fiscal, es recortar y no reformar los procesos.

“Si se consolidan departamentos entre recintos, los recortes son manejables”- falso. Aun si se cierran los ocho recintos subgraduados, despiden sus empleados y les niegan la educación a sus 26,000 estudiantes (si los transfieres no hay grandes ahorros), el recorte llega a unos $286 millones. Sin embargo, los recortes del plan fiscal exceden los $400 millones.

“No debe ofrecerse lo mismo en más de un recinto”- depende. Las universidades públicas ofrecen comúnmente programas de alta demanda en varios recintos para hacer accesible la educación superior. Ese es el caso de la Universidad Autónoma de Santo Domingo y de la City University of New York (CUNY), ubicadas en jurisdicciones con un sistema de transportación colectiva envidiable. CUNY, por ejemplo, tiene al menos siete recintos con programas en contabilidad. En Puerto Rico no hay transportación colectiva que garantice que los estudiantes del campo tengan oportunidades similares a los de la ciudad. Algunos adultos mayores me recuerdan que antes viajaban para estudiar en Río Piedras y les recuerdo que en esa época había transportación colectiva en casi todo Puerto Rico. No nos olvidemos que el perfil socioeconómico de los estudiantes y de las comunidades en los recintos pequeños es bien distinto al de los recintos grandes.

“Para la calidad académica es mejor consolidar programas entre recintos”- Para eso se necesitaría que se seleccione al profesorado a base del mérito y no de la antigüedad, algo que impugnarían algunos profesores improductivos de los recintos receptores.

“Fondos externos traerían independencia financiera”- debemos continuar la búsqueda de fondos externos (propuestas o donativos de exalumnos). Sin embargo, los fondos externos se solicitan para proyectos específicos de un tiempo delimitado; no para subvencionar la operación recurrente. Además, solo un puñado de universidades del Ivy League reciben propuestas y donativos significativos. Las demás universidades necesitan invertir recursos sustanciales en la investigación para el desarrollo de propuestas competitivas. Recortes draconianos son incompatibles con ese fin.

“Hace falta actualizar la oferta académica”- sí, pero los recortes llevan a aumentarle la carga al personal actual y no hay recursos adicionales que puedan asumir esa tarea.

Lo que no es un mito es que la UPR es la mejor universidad del País bajo cualquier métrica, sea tasas de graduación o publicaciones. A la UPR le recortaron $364 millones en remesas estatales de 2017 a 2020 mientras a agencias menos productivas, como a la Autoridad de las Alianzas Público-Privadas les aumentan. Esta reducción se hizo a través de retiro temprano, cierre de plazas, recortes en materiales y en los beneficios al profesorado por contrato, y al utilizar las aportaciones patronales al retiro para cuadrar el presupuesto. Esto provocará pérdida en prestigio -no se puede atraer talento internacional y migran profesores productivos- y reducción en las pensiones al menoscabar el fondo de retiro.

Las universidades privadas no llenarán el vacío que deje la UPR y el país se corre el riesgo de quedarse sin una clase intelectual residente, renovada y vanguardista, con graves consecuencias para nuestro desarrollo cultural y económico.

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