Benjamín Torres Gotay

LAS COSAS POR SU NOMBRE

Por Benjamín Torres Gotay
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Un míster con macana

Algún día, ojalá no muy lejos, Puerto Rico se levantará de las ruinas de la corrupción, la mediocridad y la complacencia y superará la ignominia sin nombre de ser una colonia sujeta a los poderes plenarios de un congreso de otro país en el que no tenemos voto.

Ese día habrá historiadores mirando hacia atrás. Estarán mirando con especial atención las primeras dos o tres décadas del Siglo XXI. Fue ese el tiempo en que el delirio del gobierno propio se resquebrajó. Fueron tiempos, dirán entonces, con voz engolada, de grandes sacudidas y revelaciones.

Vinieron, como meteoritos cayendo en sucesión y haciendo estallar todo lo que se tenía por conocido, la quiebra, la emigración masiva, el desenmascaramiento definitivo de la farsa del Estado Libre Asociado (ELA), la Junta de Supervisión, Donald Trump y lo que este representa, el huracán María y unos violentos zarandeos de tierra apenas arrancaba la tercera década del siglo.

Van a llegar esos historiadores al miércoles 5 de febrero del 2020.

Ese día, a las 11:39 de la mañana, hora de Puerto Rico, la entonces comisionada residente del ELA, Jenniffer González Colón, puso una foto en la red social Twitter.

Aparecía junto a la gobernadora Wanda Vázquez Garced y un tal Peter Brown. Decía González Colón en el mensaje que acompañó a la foto que ella y Vázquez discutían con ese tal Peter Brown “los fondos de reconstrucción de Puerto Rico”.

Dejemos a un lado, por un instante, lo insólito, lo impensable, lo absurdo, de que se estén a estas alturas discutiendo “los fondos de reconstrucción”, pues se refieren al huracán María, ocurrido hace ya 28 largos meses. Vamos a concentrarnos en algo acaso más grave: ese Peter Brown (nombre más americano, difícil), se rumoraba ya entonces y se corroboró un par de días después, es “el representante especial” de Donald Trump para la reconstrucción de Puerto Rico.

En otras palabras, Peter Brown, quien es contraalmirante de la Guardia Costera de Estados Unidos, es el policía que Washington ha puesto en Puerto Rico para velar el uso que los políticos de aquí dan a los miles de millones de dólares del huracán María que Washington todavía no ha soltado. Dicen las malas lenguas que su función es velar que no llegue un peso americano más del que Donald Trump quiere que llegue, ni a donde él no quiere que llegue.

Se creó el puesto porque en Washington no tienen ni un chispito de confianza en la capacidad de los políticos de Puerto Rico para manejar el dinero de la recuperación.

Estados Unidos ha estado más de dos años dándole largas al asunto de la reconstrucción por esa desconfianza. Se entiende que ahora con Peter Brown, como el míster con macana del que nos cantó una vez Roy Brown, caminando lentamente por los pasillos del gobierno de Puerto Rico, mirando de reojo a lado y lado, quizás con gafas oscuras estilo aviador, sobando de manera amenazante su rotén, listo para meterle por el cocote a quien se desvíe un poquito de las normas, el dinero puede empezar a fluir como agua de un manantial.

Este es uno de los puntos que será más importantes para los historiadores del futuro. Con la llegada de Peter Brown, Estados Unidos aprieta aún más la brida ya corta del coloniaje.

Cada día son menos los ámbitos de autonomía en Puerto Rico.

Está la Junta de Supervisión Fiscal, no electa por nadie, diciendo de cuánto puede ser el presupuesto, ordenando recortes y reformas aquí y allá y negociando acuerdos con acreedores de dudosa conveniencia a nombre del pueblo de Puerto Rico. Hay federales velando el uso de los dineros federales en los departamentos de la Vivienda y en Educación, que reciben de las partidas más grandes.

Hay monitores federales en la Policía y en algunos programas del Departamento de Salud.

Demasiada gente no ve nada malo en eso. Es más, si se pregunta en la calle, casi todos dirán que es muy bueno que de afuera nos velen, porque nosotros y que no servimos.

Por Dios que no es fácil decir “denle el dinero a Wanda Vázquez”, por decir un nombre claro está, habiendo visto todo lo que hemos visto por parte de ella y de casi todos los que le han precedido en ese puesto.

Para los puertorriqueños, adormecidos por siglos de coloniaje, parece más cómodo decir: “que resuelva otro, que tenemos que ir pa’ la Sanse”.

Mas se nos ocurre a algunos que todo esto dice muy mal de nosotros.

A nadie debería gustarle que lo retraten como un incapaz, que nos den fama en el mundo entero como de gente que no puede atender sus propios asuntos y necesitan que vengan de afuera a velarnos.

No se sabe cuántos, peor hay gente aquí a la que eso da mucha vergüenza (el que escribe incluido).

Tiene esto más explicaciones de las que se ven a simple vista. Está, por ejemplo, el tema del status.

Mucha gente quiere la estadidad. Delira el que crea que el club de estados americanos va a aceptar un socio que parece incapaz de gobernarse a sí mismo. Son muchos menos, pero también los hay, que quieren la independencia. Delira el que crea que aquí mismo tendrá apoyo alguna vez la independencia, con tanta gente viendo esto y creyendo que es porque no nos sabemos gobernar.

La explicación no es tan simple.

No se puede desenmarañar la aparente incapacidad para dirigirnos de los siglos de coloniaje.

Además, los que no saben gobernarse no son los puertorriqueños; son una claque pequeña que tiene el control del aparato público y lo explotan solo para su beneficio y de quienes los sostienen. Los puertorriqueños tienen éxitos de sobra en todos los otros aspectos de la vida.

De lo que somos culpables sin remedio es no haber podido identificar nunca a la claque esa incompetente y a menudo corrupta y probar con otros con quizás mejores intenciones y capacidades para dirigir el país.

Pero ese es tema para otro momento. Hoy nos toca mirarnos al espejo, resistir el calor en la cara que debe darle a cualquier persona con dignidad lo que nos está pasando y preparar el plan de salida. Ese día en que superemos el coloniaje, la mayoría de los puertorriqueños y puertorriqueñas se van a avergonzar de este tiempo en que venían de afuera a regañarnos gente como Donald Trump, de quien todos sabemos que no es un dechado de virtudes.

Es por eso que a los historiadores del futuro les va a llamar la atención la foto de González Colón y Vázquez Garced. Independientemente de que el tal Peter Brown vaya a lograr que ahora llueva café en el campo, es una derrota para Puerto Rico que nos pongan un guardia que vele que no despilfarremos el dinero de la recuperación. Muy poca gente cree que ambas debían oponerse a la llegada del mister con macana. Pero hubiésemos entendido que no lo celebraran.

En el futuro, los historiadores van a ver a las dos funcionarias con los puestos de más relieve en el gobierno colonial en este momento celebrando la llegada de una especie de procónsul, enviado de un presidente por el que no votamos, que nos desprecia siempre que tiene ocasión, que viene a decirles dónde sí y dónde no.

No se va a ver bonita la foto en los libros de historia.

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