Luis M. Baquero Rosas

Tribuna Invitada

Por Luis M. Baquero Rosas
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Un movimiento laboral estancado

Puerto Rico sigue enfrentando los retos de una severa crisis económica, la disminución poblacional en casi 900,000 habitantes,  recortes de presupuesto a todos los niveles del gobierno exigidos por la Junta de Control Fiscal, los continuos ataques, con y sin fundamento, del presidente Donald Trump,  la emigración de jóvenes profesionales que recién ingresan a la fuerza laboral, la disminución de puestos de trabajo  en las agencias gubernamentales y  la pérdida de  beneficios adquiridos por las luchas sindicales, que se desvanecen a pasos acelerados ante la nueva realidad de austeridad que vive la isla.

Cuando se conmemoran las luchas y los triunfos sindicales y laborales, como en el Día Internacional de los Trabajadores, nos debemos hacer dos preguntas. 

La primera: ¿qué ha pasado con los movimientos laborales que parecen desorientados y sin estrategias para responder a los cambios rápidos y contundentes que la Junta ejecuta?

La segunda: ¿cuál es la visión y el rol de los sindicatos laborales en la protección de la fuerza laboral gubernamental y privada en este nuevo Puerto Rico?

Lamentablemente, la percepción de los movimientos laborales es de estructuras agonizantes y estancadas en el pasado que luchan por derechos adquiridos sin ajustarse a la nueva realidad laboral, reaccionarias a los cambios mediante huelgas, conferencias de prensa esporádicas y marchas de un día  que no logran transformaciones en las políticas laborales del país.

Es evidente la falta de apoyo de sus propios miembros y la ausencia de integración de los sindicatos que tienen un voto de silencio sepulcral para la defensa de empleados no gubernamentales impactados en forma perjudicial por  la reforma laboral aprobada por el gobierno actual.

Continuar  con estrategias del pasado, la defensa fragmentada de beneficios adquiridos y las amenazas de paros que afectan al ciudadano los llevará a desaparecer y apagarse como una llama de fuego sin fuerzas que no puede mantenerse en la tormenta de cambios que ocurren en nuestro Puerto Rico.

Un movimiento laboral nunca debe quedarse estancado,   sin un norte hacia donde dirigirse.

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