Mike Bloomberg

Punto de Vista

Por Mike Bloomberg
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Un nuevo futuro para Puerto Rico

En las últimas décadas, Puerto Rico ha sido diezmado por una crisis causada por una deuda creciente, políticas económicas fracasadas y mala administración, el cierre de una base naval que dejó profundas cicatrices ambientales y de salud y una serie de tormentas y huracanes devastadores.  Este mes, una serie de terremotos causó severos daños a edificios, sacó de operaciones por un año la planta de generación eléctrica más grande de la isla y dejó a numerosas personas aterrorizadas por la integridad estructural de sus hogares, temiendo lo peor.

Peor aún, tenemos un presidente que no cree que Puerto Rico es su responsabilidad ni entiende que sus residentes son americanos.

Pues, los puertorriqueños son americanos.  Y, en el continente, debemos ver sus retos como nuestros retos porque un Puerto Rico fuerte fortalece a América.  En vez, el Presidente Trump señala a otros por sus fallas y lanza papel toalla.

Por décadas, los puertorriqueños y sus intereses han sido ignorados por Washington. Y hay una razón sencilla: No tienen voto en el Congreso.  Así que a los políticos no les tiene que importar cómo se sienten.

Por eso, es que no tienen los mismos fondos que otros americanos para programas esenciales, incluyendo Medicaid, aún cuando el nivel de pobreza en Puerto Rico, casi 43%, es más del doble que el del estado más pobre.  Y es por eso, que cuando enfrenta un desastre natural, Washington responde lentamente.

Ignorar las necesidades de la isla ha tenido un alto costo para los contribuyentes en Estados Unidos.  Es lo mismo que rescatar un banco cada año en vez de poner regulaciones que prevengan que los bancos quiebren.  O pagar por visitas a la sala de emergencia para las personas que no tienen seguro médico en vez de extender una cubierta que le permita a la gente visitar un doctor y prevenir enfermedades costosas y mortales.

Hay una solución clara a este reto que la mayoría de los puertorriqueños apoyan.  Y es una solución que las encuestas demuestran que dos terceras partes de todos los americanos apoyan: la estadidad.  Pero la mayoría de los candidatos presidenciales han tenido miedo de apoyarla.  Bailan alrededor de ella para evitar enajenar a algún votante.

Yo no.  Yo lo voy a decir claramente: Apoyo la estadidad para Puerto Rico.  Y como presidente, voy a pasar una ley para hacerlo una realidad, sujeto a la aprobación de personas en Puerto Rico quienes tendrán la última palabra.

Creo que la estadidad no solo será buena para Puerto Rico, sino también para toda la nación.  Esta es la razón: Hasta que Puerto Rico se convierta en estado, continuará sufriendo la falta de herramientas y recursos necesarios para construir una economía fuerte y recuperarse de desastres y el Congreso continuará enviando sólo el dinero suficiente para poner parchos en los problemas, sin arreglarlos.

Ayudar a Puerto Rico a moverse deun estado de crisis continua a un estado de estabilidad y crecimiento constante es un gran reto administrativo, pero combinando la estadidad con un plan económico y de reconstrucción robusto, yo sé que lo podemos hacer.

En consulta con líderes de la isla, nuestra campaña ha preparado un plan detallado que bregará con la crisis de la deuda, aliviará los recortes de gastos devastadores, enderezará el proceso de recuperación del desastre y pondrá a Puerto Rico en el camino del crecimiento y la estabilidad.

Es un plan fuerte, ambicioso y lograble y creo que el futuro de Puerto Rico debe ser una parte importante del debate presidencial. Pero mis compañeros aspirantes, quienes han estado en campaña por más de un año, no han invertido suficiente tiempo y recursos, aunque Puerto Rico tiene más delegados en las primarias Demócratas que Iowa o New Hampshire.

Nuestra campaña es diferente.  Creemos que tomar a los puertorriqueños en serio empieza desde la primaria y es por eso, que estoy abriendo oficina en San Juan y estableciendo una operación de campo, porque la mejor manera de dejar de ignorar a Puerto Rico en el futuro es dejarlo de ignorar desde ahora.

Los ciudadanos de Puerto Rico merecen que su voz sea escuchada no sólo en las primarias presidenciales, sino también en las elecciones generales.  Merecen representación real en Washington que refleje sus intereses.  Y merecen los mismos fondos federales para recuperación en un desastre que otros americanos esperan.

La única forma de lograr esto es con la estadidad.  Y es la única manera en que Washington va a dejar de ignorar la isla y poner parchos y comenzar una verdadera sociedad con líderes electos en los mismos términos que los otros a lo largo de la nación.

Ha llegado el momento de bordar la estrella de Puerto Rico en la bandera de la nación.  Como presidente, cuando los votantes allí estén listos para comenzar las puntadas, me encargaré de juntar al Congreso y a toda la nación para que así sea.

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