Luis Alberto Ferré Rangel

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Por Luis Alberto Ferré Rangel
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Un nuevo Puerto Rico

Decía Carl Sagan que somos hijas e hijos de las estrellas porque nacimos de las bacterias que provocaron los asteroides que chocaban contra nuestro Planeta.

Ello desató el resto de la historia de la humanidad hasta llegar a la era actual, la del Antropoceno, donde la huella del hombre ya define el carácter de nuestro Planeta.

Entramos como puertorriqueños en nuestra propia era “antropocénica”, en la cual se ha ido formando un nuevo ecosistema de innovación social, provocado por la crisis económica.

En este ecosistema sobreviven los que colaboran, los que ponen al ser humano al centro de su ser, pensar y actuar. A la misma vez, cientos de organizaciones del viejo ecosistema, agotado ya, comienzan a actuar y pensarse distinto. Entre la adaptación y la regeneración se va gestado un nuevo espacio de innovación social.

Es en ese espacio y en esas prácticas donde encontraremos la claves de nuestra sostenibilidad.

CienciaPR, ConPRometidos, Mentes Puertorriqueñas en Acción fueron las primeras organizaciones que marcaron la ruta. Las tres tienen el nombre de Puerto Rico, todas están fundadas y compuestas por jóvenes que regresaron a Puerto Rico luego de sus estudios universitarios en Estados Unidos. Jóvenes que trabajan desde la universalidad y la puertorriqueñidad. Ciudadanos globales que conectan a Puerto Rico con su Patria Extendida (antes diáspora puertorriqueña). Organizaciones que practican la mentoría, el liderato, el apoderamiento. Organizaciones que trabajan en redes, colaboraciones y en alianzas. Son un ejemplo de “eco centricidad”.

La camada más reciente de este nuevo ecosistema lo conforman otras tres instituciones, Fideicomiso de Ciencia y Tecnología, Piloto 151 y Paralelo 18. La primera, en su propia evolución reciente, ya contribuye poderosamente en la aceleración de la innovación científica y económica local. Las siguientes dos, compuestas por jóvenes también, ya incuban y aceleran negocios que buscan insertarse en la economía global desde Puerto Rico.

Pero la organización padrino –sin ni siquiera proponérselo necesariamente- se llama Centro para una Nueva Economía. Formada a principios de la década de 1990, comenzó a abrirse paso desde el pensamiento económico independiente, innovador y globalizado. En años recientes, se ha movido al espacio de la transparencia, con su filial, Espacios Abiertos. Ahora con sede en San Juan y Washington, D.C., el CNE sigue en la vanguardia del pensamiento económico puertorriqueño.

Fundaciones como Agenda Ciudadana, Centro para Puerto Rico y Foundation for Puerto Rico, son todas organizaciones recientes que nacieron durante la crisis. La primera facilita la participación y el apoderamiento ciudadano, la segunda desarrolla capacidades de desarrollo económico y autogestión comunitaria y la tercera desarrolla capacidades económicas para participar en la economía global.

Se unen a estas fundaciones, las aportaciones importantísimas de la Fundación Guayacán y la Fundación Flamboyán, también pioneras en la aceleración de la innovación económica y educativa, respectivamente.

La firma Estudios Técnicos se ha convertido en un socio imprescindible en la valorización del aporte económico del llamado Tercer Sector y también en la investigación económica de la innovación social.

Fundaciones como la Ángel Ramos y Carvajal, Banco Popular y la Fundación Comunitaria continúan también apuntalando gran parte de la obra social de servicio directo que se realiza en todo Puerto Rico. Estos son los ausubos de nuestro ecosistema, instituciones fuertes bajo cuya sombra nacen nuevas organizaciones.

Modelos a seguir en servicio directo son Iniciativa Comuntaria, los Centros Sister Isolina Ferré y la organización Boys and Girls Club. La primera una gesta de amor, compasión, desprendimiento y valentía. La segunda, a punto de cumplir 50 años, mantiene vibrante y viva la misión del desarrollo pleno e integral del ser humano. Y la tercera, activa en el desarrollo de la autoestima y el liderazgo de nuestra juventud, con un modelo innovador.

Y donde se intersectan los ecosistemas naturales y sociales, nos encontramos a las comunidades del Caño Martín Peña, donde se gesta el Proyecto Enlance, el más importante de justicia ambiental y desarrollo social de los últimos 30 años en todo Puerto Rico.

Del ecosistema social al natural, nos movemos al Fideicomiso de Conservación de Puerto Rico y al Programa del Estuario de la Bahía de San Juan y a Casa Pueblo en Adjuntas. La primera, pionera por casi 40 años, en la preservación natural y luego en la investigación científica ciudadana con su programa Para la Naturaleza. La segunda, en la preservación, educación e investigación del estuario urbano más importante del país, un laboratorio vivo de coexistencia entre lo urbano y lo natural. La tercera, otra organización veterana de las luchas mineras de los años 60, ahora pionera en el mundo en el establecimiento del primer Bosque Modelo en Puerto Rico.

Todas estas organizaciones tienen valores comunes: la colaboración, la solidaridad, el apoderamiento, el espíritu emprendedor, el liderazgo y la mentoría.

En su conjunto, este nuevo ecosistema, conformado por nuevas organizaciones y otras en evolución, ofrece un marco de valores replicables a todos los niveles de nuestra sociedad.

De aquí es que nace el nuevo Puerto Rico.

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