Mirelsa Modestti González

Punto de vista

Por Mirelsa Modestti González
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Un país hipermedicado

Quisiera poder decir que es un asunto nuevo o, cuando menos, reciente. Quisiera proponer que es una moda y que, como todas, pasará. Pero la realidad es que el problema es complejo, multifactorial y antiguo. Vivimos en un país hipermedicado. No se afanen los puristas, que el vocablo no existe. Sin embargo, todos sabemos lo que significa. Más allá de lo obvio, sabemos que es cierto. Aquí la gente se medica para todo.

Cuando estudiaba mi bachillerato, un profesor de fisiología nos dijo que cuando tuviéramos dolor de cabeza, nos tomáramos dos vasos de agua y esperáramos unos 15 a 20 minutos antes de ingerir ningún medicamento puesto que, en los países del trópico, la mayor parte de los dolores de cabeza son por deshidratación. Puse en práctica su consejo y descubrí que es cierto. No voy a decir que todos los dolores de cabeza se me han curado con agua, pero he podido comprobar una y otra vez lo atinado del consejo. Sin embargo, me ha sido difícil conseguir que otros hagan la prueba. Estamos demasiado acostumbrados a los remedios farmacológicos y al menor asomo de un dolor, la primera alternativa es un analgésico. Para la congestión tomamos descongestionantes, para la digestión, tomamos digestivos, para la tos, antitusivos y así sucesivamente. 

En días recientes trascendió que existe una preocupación porque el 68% de todos los medicamentos controlados recetados en Puerto Rico son benzodiazepinas, o sea fármacos con efectos sedantes para disminuir los síntomas de ansiedad. Usted probablemente las conoce con los nombres de Xanax, Klonopin, Tranxene, Restoril, etc. Ciertamente, estos medicamentos son efectivos en la reducción de los síntomas de ansiedad. El problema que tenemos es que estamos atacando el síntoma e ignorando la condición. 

Los trastornos de ansiedad afectan a aproximadamente 40 millones de adultos estadounidenses anualmente. Es una cifra respetable que debe llamar nuestra atención. Los trastornos de ansiedad principales son el trastorno de pánico, trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), trastorno de estrés postraumático, fobia social (o trastorno de ansiedad social), fobias específicas y el trastorno de ansiedad generalizada. Son condiciones que, si no se tratan, pueden ser incapacitantes. El reto principal es que son condiciones difíciles de manejar y, aunque la farmacoterapia es una gran aliada en el tratamiento de estas condiciones, no puede ser el único curso de acción. 

Hay que trabajar con la raíz del problema, encontrar y neutralizar la causa de la ansiedad y proveerle al paciente herramientas adecuadas para mantener una higiene mental adecuada y manejar su estado de ánimo y sus emociones. De otra manera, solo estaremos creando una dependencia emocional (y en ocasiones, física) a los medicamentos.

De la misma manera que a nadie se le ocurre tratar un dolor de muela solo con analgésicos y tratar de ignorar la causa del dolor de muela, la respuesta a la ansiedad prolongada o recurrente debe ser una visita a un profesional de ayuda para evaluación y tratamiento.

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