Wilda Rodríguez

Tribuna Invitada

Por Wilda Rodríguez
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¿Un plebiscito para papi?

Enterarme de que el plebiscito del 11 de junio es empeño personal de Pedro Rosselló González me sorprendió un poco, lo confieso. Mis fuentes son de una confianza de demasiados años para ponerlo en duda. Analizarlo es otra cosa.

Poco a poco, recogiendo aquí y allá, llego a la conclusión de que Pedro Rosselló González debe padecer el mismo síndrome de Rafael Hernández Colón. Ninguno de los dos se resigna a dejar su legado político inconcluso.

En ambos casos la historia les da en la cara antes de pasarles por encima y los encuentra de frente, todavía con los guantes puestos.

En el Partido Nuevo Progresista (PNP) hay un sector inconforme con la incapacidad de su partido para adelantar la anexión a Estados Unidos. Acusa a sus dirigentes de haberse amañado a administrar la colonia. Ese sector, que era pequeño y hasta lo menospreciaban por eso, ha crecido y ha probado tener razón: ambos partidos institucionales en Estados Unidos le dan de codo abiertamente. Contrario a veinte años atrás, cuando tanto el Republicano como el Demócrata les mantenían una ilusión farisea, ahora le dicen en la cara que no hay ni habrá ambiente para la anexión en mucho tiempo.

El juego de pies con ambos partidos en Washington ha sido contraproducente. No porque fuera mala estrategia. Porque no lo han sabido jugar bien. En política, esas estrategias funcionan a corto plazo. A largo plazo son demasiado evidentes y los dos novios pierden la confianza.

El plebiscito del 11 de junio era un adelanto para el PNP si lograba la vinculación que le ofreció Barack Obama. Todavía no la del Congreso, pero sí la del Ejecutivo. Los republicanos se lo sabotearon.

Ahora es un ejercicio estéril y lo saben.

Lo que comenzó como un proceso para la descolonización de Puerto Rico partiendo de la premisa de que en el plebiscito de 2012 ya el pueblo se expresó en contra del actual status territorial, se disolvió.

Los republicanos asumen la defensa del territorio permanente y obligan al gobierno colonial a colocarlo en la papeleta. Para colmo, el dinero ofrecido por Obama para darle oficialidad al compromiso estadounidense con el proceso, se esfumó.

Los independentistas y libreasociacionistas se retiran del plebiscito al perder su calidad de proceso hacia la descolonización. Los Populares se retiran del plebiscito porque nunca lo quisieron. Saben que saldrían trasquilados en cualquiera.

Ahora los estadistas corren solos en una carrera de uno. No son tan ingenuos como para pensar que ese plebiscito vaya a ser otra cosa que un avivamiento del corazón del rollo que nadie va a tomar en serio: ni la comunidad internacional ni Washington y mucho menos Puerto Rico.

¿Entonces? ¿Por qué seguir adelante?

Esa fue la pregunta que me llevó a indagar y me produjo la respuesta sorpresiva: eso es lo que quiere Pedro Rosselló González.

¿Un plebiscito para papi? Me negaba a creerlo y seguí con una pregunta lógica.

¿Por qué? Siente quese lo debe a los estadistas por no haber aprovechado mejor su poder político para trabajar la estadidad y no el gobierno colonial.

¿Han tratado de que entre en razón? De muchas maneras, me dicen. Incluyendo haber descartado el Departamento de Justicia Federal y convertirlo en un plebiscito descolonizador nacional con observadores de la comunidad internacional.

Pedro Rosselló González, como Rafael Hernández Colón, parece haber descubierto que la historia no lo va a favorecer y le propone enmiendas. Creo yo que ambos han perdido olfato político. Pero les queda poder.

El muñeco mal vestido del plebiscito acudiría a la cita del 11 de junio irremediablemente. Y el gobierno de su hijo tendrá que explicar por qué invierte de $7 a $10 millones de una colonia en quiebra en ese simulacro.

En respuesta a este escrito, lea la columna de Orlando Parga: Ricardo Rosselló: el líder contrala colonia

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